Paul Badi
Poeta recién llegado
Hoy que entiendo lo vertiginosa que suele ser la juventud,
que ya no hay vanidad en mí, que poder callar es una virtud,
hoy que la noche se desviste frente a mí, y veo la luna,
que entiendo que su luz no es magia, sino una fortuna.
Hoy al caminar los niños me tratan de usted, pude ver
que lo que fui, ya no seré, ese joven que llegaba a enloquecer,
que todas las calles y caras que vi, ya no puedo recordar
será que la mente indiferente, no me deja el tiempo retocar.
Hoy que ya estoy en la mitad del camino de mi vida
pude entender que no vale la entrada, sino la salida,
que el tiempo no es más que una evasiva, para vivir,
que no solo los valientes son recordados al morir.
Hoy que tengo treinta y cinco años me doy cuenta
las cosas buenas que no supe elegir, y es la resta
que suma en mi cuerpo, todos los males que pesan,
las horas que no vuelven y los sueños que excitan.
Hoy que miro a los jóvenes en sus vorágines pasos
que no perdonan a la inquietud, y en cada pedazos
de tiempo se consumen, sin darse cuenta reavivan
el anhelo que les hace creer que jamás penarán.
que ya no hay vanidad en mí, que poder callar es una virtud,
hoy que la noche se desviste frente a mí, y veo la luna,
que entiendo que su luz no es magia, sino una fortuna.
Hoy al caminar los niños me tratan de usted, pude ver
que lo que fui, ya no seré, ese joven que llegaba a enloquecer,
que todas las calles y caras que vi, ya no puedo recordar
será que la mente indiferente, no me deja el tiempo retocar.
Hoy que ya estoy en la mitad del camino de mi vida
pude entender que no vale la entrada, sino la salida,
que el tiempo no es más que una evasiva, para vivir,
que no solo los valientes son recordados al morir.
Hoy que tengo treinta y cinco años me doy cuenta
las cosas buenas que no supe elegir, y es la resta
que suma en mi cuerpo, todos los males que pesan,
las horas que no vuelven y los sueños que excitan.
Hoy que miro a los jóvenes en sus vorágines pasos
que no perdonan a la inquietud, y en cada pedazos
de tiempo se consumen, sin darse cuenta reavivan
el anhelo que les hace creer que jamás penarán.