Halloran
Poeta asiduo al portal
LA MOCITA QUE ME EXCITA
¡Quién pudiera
amarla por dentro y fuera!
La mocita que me excita
a las actrices imita
y casi se extralimita
cuando pasa por la acera.
¡Quién pudiera
amarla por dentro y fuera!
Es graciosa aunque enjuta,
de melena un tanto hirsuta
y con besos de cicuta
que envenenan a cualquiera.
¡Quién pudiera
amarla por dentro y fuera!
Es talmente una gatita,
pequeña como una ermita
eléctrica cual dendrita,
una mujer de bandera.
¡Quién pudiera
amarla por dentro y fuera!
Dicen que cualquier disputa
la resuelve a fuerza bruta:
es campeona absoluta
y la mejor pendenciera.
¡Quién pudiera
amarla por dentro y fuera!
Se baña en agua bendita
por un monje carmelita,
pues sin ser una erudita
más piadosa no hubiera.
¡Quién pudiera
amarla por dentro y fuera!
Jugosa como la fruta,
como buena zorra astuta,
un pelín hija de puta
mas siempre tan lisonjera.
¡Quién pudiera
amarla por dentro y fuera!
Por acabar ya, permita
el que esta letra escrita
lea sobre Margarita
cuando fuere y dondequiera
(¡quién pudiera
amarla por dentro y fuera!)
que se diga que no muta
su belleza ni se inmuta
su vivir de disoluta
por mucho que yo la quiera.
¡Quién pudiera
amarla por dentro y fuera!
¡Quién pudiera
amarla por dentro y fuera!
La mocita que me excita
a las actrices imita
y casi se extralimita
cuando pasa por la acera.
¡Quién pudiera
amarla por dentro y fuera!
Es graciosa aunque enjuta,
de melena un tanto hirsuta
y con besos de cicuta
que envenenan a cualquiera.
¡Quién pudiera
amarla por dentro y fuera!
Es talmente una gatita,
pequeña como una ermita
eléctrica cual dendrita,
una mujer de bandera.
¡Quién pudiera
amarla por dentro y fuera!
Dicen que cualquier disputa
la resuelve a fuerza bruta:
es campeona absoluta
y la mejor pendenciera.
¡Quién pudiera
amarla por dentro y fuera!
Se baña en agua bendita
por un monje carmelita,
pues sin ser una erudita
más piadosa no hubiera.
¡Quién pudiera
amarla por dentro y fuera!
Jugosa como la fruta,
como buena zorra astuta,
un pelín hija de puta
mas siempre tan lisonjera.
¡Quién pudiera
amarla por dentro y fuera!
Por acabar ya, permita
el que esta letra escrita
lea sobre Margarita
cuando fuere y dondequiera
(¡quién pudiera
amarla por dentro y fuera!)
que se diga que no muta
su belleza ni se inmuta
su vivir de disoluta
por mucho que yo la quiera.
¡Quién pudiera
amarla por dentro y fuera!