poetakabik
Poeta veterano en el portal
En la hondura silente donde el eco no huye,
habita el alma pura sin temor que la influye.
No hay frontera ni tiempo que la puedan atar,
pues su voz se despliega como un vasto altar.
No precisa palabras ni ritual que la vista,
sólo el soplo que enciende su verdad más artista.
Cada sombra que besa la convierte en fulgor,
y a la muerte más fría la transforma en calor.
Si el abismo la tienta no responde al abismo,
ella es canto que avanza sin cargar un ismo.
Libre del pensamiento que limita el andar,
sabe que en su latido todo puede pasar.
Es más sabia que el viento que no quiere posarse,
más profunda que el lago que se deja mirarse.
Y si el mundo se apaga como un sueño final,
su ser sigue encendido de forma inmortal.
habita el alma pura sin temor que la influye.
No hay frontera ni tiempo que la puedan atar,
pues su voz se despliega como un vasto altar.
No precisa palabras ni ritual que la vista,
sólo el soplo que enciende su verdad más artista.
Cada sombra que besa la convierte en fulgor,
y a la muerte más fría la transforma en calor.
Si el abismo la tienta no responde al abismo,
ella es canto que avanza sin cargar un ismo.
Libre del pensamiento que limita el andar,
sabe que en su latido todo puede pasar.
Es más sabia que el viento que no quiere posarse,
más profunda que el lago que se deja mirarse.
Y si el mundo se apaga como un sueño final,
su ser sigue encendido de forma inmortal.