Sandra Ballesteros
Poeta recién llegado
Aún queda en este lecho el vago rastro del fuego que encendiste con tu boca, y el alma, que de amarte se hizo roca, padece la orfandad de su astro.
Tus dedos fueron redes en mi talle, sublime vibración de piel y anhelo, mas hoy se tiñe el mundo de tu hielo y no hay un solo dios que me acompañe.
¡Qué amarga recompensa al entregarte el fruto de mi joven devoción! Me dejas con la herida de tu parte,
mordiendo el polvo de la decepción. Ya no quiero tu cuerpo ni besarte: soy reina en mi desierta habitación.
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