Una moza talludita, que andaba en la cuarentena,
languidecia de pena, pues casarse no podia.
Tan grande era su deseo, que miraba con denuedo,
cualquier posible galan.
cuidaba con esmero, cara, cuerpo y pelo
y cada mañana ,mil pocimas sobre su rostro vertia
pero terco, el espejo devolvia, una imagen "desgreña"
Desesperada , decidio un buen dia, pedir ayuda celestial.
!San Antonio de mi alma! yo me tengo que casar,
pues todas mis amigas, casaron años, a,
si me consigues un novio, llenare de velas tu altar.
da igual que sea guapo, con poco he de conformar,
tampoco necesito un joven, pues yo, no lo soy ya,
y puestos a las rebajas, si no tiene pasta, poco ha de importar.
El santo conmovido con tan sencillo ruego,
procedio a dar consuelo, concediendo lo pedido.
Salia la mujer feliz y sonrriente, esperando en plazo corto,
encontrar el ansiado pretendiente.
Iba en este ambiente, alegre y esperanzada.
cuando al cruzar la calzada, lo vio,
era aquel, su amor divino,su galan ardiente,
la miraba embelesado,los ojos de ella pendientes,
que ironia del destino, pues aquel cretino
era cojo manco lelo y no tenia un diente.
El santo, en su premura, no calibro la locura,
y envio sin cordura , aquel regalito especial
languidecia de pena, pues casarse no podia.
Tan grande era su deseo, que miraba con denuedo,
cualquier posible galan.
cuidaba con esmero, cara, cuerpo y pelo
y cada mañana ,mil pocimas sobre su rostro vertia
pero terco, el espejo devolvia, una imagen "desgreña"
Desesperada , decidio un buen dia, pedir ayuda celestial.
!San Antonio de mi alma! yo me tengo que casar,
pues todas mis amigas, casaron años, a,
si me consigues un novio, llenare de velas tu altar.
da igual que sea guapo, con poco he de conformar,
tampoco necesito un joven, pues yo, no lo soy ya,
y puestos a las rebajas, si no tiene pasta, poco ha de importar.
El santo conmovido con tan sencillo ruego,
procedio a dar consuelo, concediendo lo pedido.
Salia la mujer feliz y sonrriente, esperando en plazo corto,
encontrar el ansiado pretendiente.
Iba en este ambiente, alegre y esperanzada.
cuando al cruzar la calzada, lo vio,
era aquel, su amor divino,su galan ardiente,
la miraba embelesado,los ojos de ella pendientes,
que ironia del destino, pues aquel cretino
era cojo manco lelo y no tenia un diente.
El santo, en su premura, no calibro la locura,
y envio sin cordura , aquel regalito especial
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