_SEBASTIEN_
Poeta fiel al portal
Como un rayo o caricia que casi no se siente,
o el fulgor del diamante por la luz herido,
se acerca la lívida luz preámbulo de la paz,
que se cuela entre la inmensa lonja de la
realidad, en la catedral del olvido y el desierto
jardín preñado de suspiros y cuerpos invisbles,
el reino nevado de azabache, cual mar sin luna
que grita horrorizado, cuyas olas bate cual la jauría
a la presa arrastra, el ruido de las estrellas
lejano aparece, en este punto agonizamte.
¡Ved mas allá ojos de gelatinosa materia! ,
viajen mis tristes carnes en lo oscuro de la sabiduria,
deslizen ante mi alma los terrores mudos
de la muerte... que un grito de sus entrañas
eternamente susurre en vuestro oído,
con voz que inyecte un abrazo a tus venas
horrorizadas...
Como el despertar el desierto nocturno, de llamas
y efímeras colinas, cual puño hiriente
que traspaza el alma con su horrorosa verdad,
así se ve la muerte, de negra sonrisa,
de cabellos metamorfoseados cual los de Medusa,
de ojos blancos y labios partidos y desechos
de sangre carcomida... Con la cicuta
oscurecida y la túnica manchada y mustia...
Y solo queda rendirse a su llegada,
caer dormido tras su cortante abrazo,
y dejarse besar profundamente por sus palabras:
- Que sientes en mi piel si no piel misma,
no soy de marmol como te dicen tus ojos,
late dentro de esta coraza un corazón,
aunque mi espíritu haya abandonado la luz,
el beso de las tinieblas no ha matado mi memoria.
Déjame rasgar con amor las hondas capas de hielo,
y que las lágrimas corran a placer, cesando
asi de atormentar a vuestros ojos...
Sebastián.
o el fulgor del diamante por la luz herido,
se acerca la lívida luz preámbulo de la paz,
que se cuela entre la inmensa lonja de la
realidad, en la catedral del olvido y el desierto
jardín preñado de suspiros y cuerpos invisbles,
el reino nevado de azabache, cual mar sin luna
que grita horrorizado, cuyas olas bate cual la jauría
a la presa arrastra, el ruido de las estrellas
lejano aparece, en este punto agonizamte.
¡Ved mas allá ojos de gelatinosa materia! ,
viajen mis tristes carnes en lo oscuro de la sabiduria,
deslizen ante mi alma los terrores mudos
de la muerte... que un grito de sus entrañas
eternamente susurre en vuestro oído,
con voz que inyecte un abrazo a tus venas
horrorizadas...
Como el despertar el desierto nocturno, de llamas
y efímeras colinas, cual puño hiriente
que traspaza el alma con su horrorosa verdad,
así se ve la muerte, de negra sonrisa,
de cabellos metamorfoseados cual los de Medusa,
de ojos blancos y labios partidos y desechos
de sangre carcomida... Con la cicuta
oscurecida y la túnica manchada y mustia...
Y solo queda rendirse a su llegada,
caer dormido tras su cortante abrazo,
y dejarse besar profundamente por sus palabras:
- Que sientes en mi piel si no piel misma,
no soy de marmol como te dicen tus ojos,
late dentro de esta coraza un corazón,
aunque mi espíritu haya abandonado la luz,
el beso de las tinieblas no ha matado mi memoria.
Déjame rasgar con amor las hondas capas de hielo,
y que las lágrimas corran a placer, cesando
asi de atormentar a vuestros ojos...
Sebastián.
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