Rubaldo Condorhuayra
Poeta recién llegado
La muerte de hermes
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[FONT="] La tempestad se ha desatado a cántaros anoche. La madrugada es fría, helada, entumece los huesos. Mientras las plazoletas, parquecillos y callejuelas, se han cubierto de un manto blancuzco que no envejece con el tiempo sino simplemente se evapora con éste. El manto se hace turbio y amarillento en los charcos.
[FONT="] Los amantes reirán seguramente. Es cierto, la helada nieve es romántica en los parques. Se fundirán luego en un silencio nostálgico, mientras sus caricias se impregnarán de una muerte silenciosa, ajena, pues en aquel parquecillo, sobre la tierra desportillada por el frío, yace sin vida un Hermes andino y prehispánico. El yatiri Silvestre Quispe ha muerto congelado.