Claridad
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las flores silvestres perfumaron mi tumba;
algunas estaban alegres de encontrarse a la bella musa,
otras en cambio, lloraban la muerte
de la que bailaba en la luna.
Todas las flores tocaban el armónico silbido de la brisa de la tarde
ocultando así el sonido seco de la metralla
que segó la vida
de esta metáfora.
No quisieron llorar mis ojos por mí
pues ya no había poesía para leer llorar,
no había poema alguno que leer
para otra vez al cielo por vida suplicar,
solo silencios tristes,
el verdugo ajeno
y la paz.
No estén tristes flores, brisa y metáforas
las cosas no se acaban cuando se deja de soñar
sobre todo los extensos sueños al tiempo
que suelen esta palabras contigo
al suelo apostar.
algunas estaban alegres de encontrarse a la bella musa,
otras en cambio, lloraban la muerte
de la que bailaba en la luna.
Todas las flores tocaban el armónico silbido de la brisa de la tarde
ocultando así el sonido seco de la metralla
que segó la vida
de esta metáfora.
No quisieron llorar mis ojos por mí
pues ya no había poesía para leer llorar,
no había poema alguno que leer
para otra vez al cielo por vida suplicar,
solo silencios tristes,
el verdugo ajeno
y la paz.
No estén tristes flores, brisa y metáforas
las cosas no se acaban cuando se deja de soñar
sobre todo los extensos sueños al tiempo
que suelen esta palabras contigo
al suelo apostar.