Kazor
Poeta adicto al portal
Mi mano se rompió
convirtiendo los versos en agua.
Has llegado tan pronto
damisela de clara conciencia.
Dejáme terminar esta pequeña obra,
es la última palabra que poco a poco se ahoga.
Tus labios me besaron, escupiendo ceniza,
mi cuerpo estremecido cayó al infinito vacio.
Soy un escritor más que has dejado sin palabras,
mis manos tensas, sin prisa, buscan respirar,
terminar lo que empezaron,
pero tú ya las cortaste.
Solo me queda esta obra
de impresiones coloristas,
mi pincel descolorido,
pinta sangre en almohadas.
Dama de clara conciencia
dejáme ponerle fin,
a mi grandioso retrato
para así dormir tranquilo.
Contigo hablar es imposible,
tan pronto me acariciaste
que mi rostro pálido
ya dejo de ser sensible.
Desplomado en el suelo
mis ojos aún reflejaban
la tristeza de ese cuadro
que mi conciencia pintaba.
Destruido mi instrumento
del cual vivían mis notas,
el alma espera vacía
el perfume de tu cama.
Ensuciaste con veneno
el resoplar de mi flauta,
mis pulmones agrietados
ya no respiraban aire.
Que cruel eres
dama de clara conciencia,
dejáme terminar mi canto,
darle alegría al mundo.
Poco a poco me hundí,
en tu gris mar venenoso,
mientras mis labios soltaban
las cadenas de mi flauta.
convirtiendo los versos en agua.
Has llegado tan pronto
damisela de clara conciencia.
Dejáme terminar esta pequeña obra,
es la última palabra que poco a poco se ahoga.
Tus labios me besaron, escupiendo ceniza,
mi cuerpo estremecido cayó al infinito vacio.
Soy un escritor más que has dejado sin palabras,
mis manos tensas, sin prisa, buscan respirar,
terminar lo que empezaron,
pero tú ya las cortaste.
Solo me queda esta obra
de impresiones coloristas,
mi pincel descolorido,
pinta sangre en almohadas.
Dama de clara conciencia
dejáme ponerle fin,
a mi grandioso retrato
para así dormir tranquilo.
Contigo hablar es imposible,
tan pronto me acariciaste
que mi rostro pálido
ya dejo de ser sensible.
Desplomado en el suelo
mis ojos aún reflejaban
la tristeza de ese cuadro
que mi conciencia pintaba.
Destruido mi instrumento
del cual vivían mis notas,
el alma espera vacía
el perfume de tu cama.
Ensuciaste con veneno
el resoplar de mi flauta,
mis pulmones agrietados
ya no respiraban aire.
Que cruel eres
dama de clara conciencia,
dejáme terminar mi canto,
darle alegría al mundo.
Poco a poco me hundí,
en tu gris mar venenoso,
mientras mis labios soltaban
las cadenas de mi flauta.
::