La muerte de un poeta y su pluma.
Pluma que te derramas desangrada
muy lejos de la mano de tu dueño,
recordando el cantar de los sonetos,
que escribiste en tus últimas campañas.
Llorarías en hojas ya manchadas
de tu tinta, compuesta de los sueños.
Bailarías alegre por los versos
y dibujando el réquiem de tu alma.
Añoras la belleza de un poema
y te olvidas del tinte de la sangre
con la que tú has escrito tantas líneas.
Anhelas la grandeza de un poeta
y su loca manera de abrazarte
y tu vida, tan corta, tan efímera…
Josemari Goñi.©
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