LA MUERTE DEL REY GARCIA
Se oyen tambores de guerra,
venganza, las huestes claman,
han matado al rey García,
en la estepa sevillana.
Al alborear el día,
cuando era madrugada,
ha llegado la morisca,
con las lanzas preparadas.
No habían ladrado los perros
ni había gritado la guardia,
las hogueras de los cerros
no han avisado de nada.
No les dio tiempo a vestirse,
ni a poner cota de malla
y salieron de las tiendas
solamente con la espada.
Luchan todos bravamente
repeliendo la algarada,
pero la espada no puede
casi nunca con la lanza.
Los caballos pisotean
a todo aquél que resbala
y a todo el que se descuida
lo atraviesa una lanzada.
Los capitanes no pueden
ordenar a la soldada
y de ese modo las huestes
están muy desordenadas.
A la tienda del rey llegan
y allí acaban con su guardia,
cuatro moros a caballo
y espada desenvainada.
El rey les opone frente,
a uno de ellos descabalga,
cuando un fuerte estoconazo
atraviesa su coraza.
Lleva las manos al pecho
e intenta sacar la espada,
pero otro moro al acecho
le golpea con su hacha.
Muere García en el suelo,
entrega, hacia Dios, su alma,
mientras ondea en el cielo
media luna plateada.
Han matado a un rey bueno,
han desecho su mesnada,
cuando llevaba sus huestes
de Sevilla hasta Granada.
Tañen campanas de pena
por las tierras castellanas,
han matado al rey García
en la estepa sevillana.
Se oyen tambores de guerra,
venganza, las huestes claman,
han matado al rey García,
en la estepa sevillana.
Al alborear el día,
cuando era madrugada,
ha llegado la morisca,
con las lanzas preparadas.
No habían ladrado los perros
ni había gritado la guardia,
las hogueras de los cerros
no han avisado de nada.
No les dio tiempo a vestirse,
ni a poner cota de malla
y salieron de las tiendas
solamente con la espada.
Luchan todos bravamente
repeliendo la algarada,
pero la espada no puede
casi nunca con la lanza.
Los caballos pisotean
a todo aquél que resbala
y a todo el que se descuida
lo atraviesa una lanzada.
Los capitanes no pueden
ordenar a la soldada
y de ese modo las huestes
están muy desordenadas.
A la tienda del rey llegan
y allí acaban con su guardia,
cuatro moros a caballo
y espada desenvainada.
El rey les opone frente,
a uno de ellos descabalga,
cuando un fuerte estoconazo
atraviesa su coraza.
Lleva las manos al pecho
e intenta sacar la espada,
pero otro moro al acecho
le golpea con su hacha.
Muere García en el suelo,
entrega, hacia Dios, su alma,
mientras ondea en el cielo
media luna plateada.
Han matado a un rey bueno,
han desecho su mesnada,
cuando llevaba sus huestes
de Sevilla hasta Granada.
Tañen campanas de pena
por las tierras castellanas,
han matado al rey García
en la estepa sevillana.