No te importo aquella noche invadir mis pensamientos con tus deseos; no equiparaste en ganas de invadir mi alma con tus frías manos. La luna aulladora no dejo de gemir, mirando nuestros actos desorbitados. La oscuridad de la noche no quiso ser testigo, pero abrazos nuestros cuerpos que se hundían en su profundidad. Dejaste mi cuerpo tendido al azar de la muerta que curiosa buscaba y yo no entendía que. Te marchaste al alba, dejando mis sentimientos lejos de tu realidad muy cerca de mi desvelo. Te busque por tus olores y muy pronto descubrí, que la Dama oscura buscaba tu alma que pronto dejaste ir. Aturdiste mi vida sin dejarme elegir.
Última edición: