La Muerte

Sirinadamas

Poeta recién llegado




En un callejón oscuro y hostil
Un muro prohíbe la salida,
Sírvase de su frágil latir
Combatiendo con su alma abatida.

Pero en la osadía del silencio
De quien siente y está muerto,
Pudo lograr ver a lo lejos
La figura del desprecio.

Como cuando era niño
Y soñaba sin pretextos,
Como cuando era viejo
Y el dolor rasgó su pecho.

Sentía que se esfumaba
Su voz en el último aliento,
Sentía que renunciaba
A no hacer un último intento.

Despreciable cobardía!
¿Acaso merecía esto?
¿Admitir que no sentía
Y aceptar que estába muerto?

Se tapó el rostro con sus manos
Llenas de arrugas y de yagas,
Y vió a lo lejos, cual destello
La figura de una dama.

Entonces pudo sentir un eco
Era la partida de su alma
Y admitío que estaba muerto
Y aceptó que estaba en calma.​
 
En un callejón oscuro y hostil
Un muro prohíbe la salida,
Sírvase de su frágil latir
Combatiendo con su alma abatida.

Pero en la osadía del silencio
De quien siente y está muerto,
Pudo lograr ver a lo lejos
La figura del desprecio.

Como cuando era niño
Y soñaba sin pretextos,
Como cuando era viejo
Y el dolor rasgó su pecho.

Sentía que se esfumaba
Su voz en el último aliento,
Sentía que renunciaba
A no hacer un último intento.

Despreciable cobardía!
¿Acaso merecía esto?
¿Admitir que no sentía
Y aceptar que estába muerto?

Se tapó el rostro con sus manos
Llenas de arrugas y de yagas,
Y vió a lo lejos, cual destello
La figura de una dama.

Entonces pudo sentir un eco
Era la partida de su alma
Y admitío que estaba muerto
Y aceptó que estaba en calma.​
Bello y triste poema, el encuentro con el destino final siempre sobrecoge y conmueve, lo has escrito muy bien amiga Sirinadamas. Abrazote vuela. Paco.
 

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