annita
Poeta recién llegado
Amé sin reservas, la mujer de mi hermano,
hembra cruel y malvada que laceró mi corazón,
mujer demente que envolvió lánguida mi cordura,
llevándose al infierno junto a ella mi razón.
Amé sin reservas a un ser demoniaco,
que con sonrisas tiernas engañaba a todo ser,
que con miradas dulces envolvía en mentiras,
la voluntad débil de dos hombres sin temer.
Amé a esa mujer voluntariosa,
esa que no se detenía en el sufrir,
esa que con su vos dulce y armoniosa,
despertaba en mí ser odio sin fin.
Amé a la mujer que no era mía,
pero ella tampoco era de él,
porque esta jamás codició un dueño,
solo permitía el poseer de su piel.
Amé hasta el día en que me dijo cuanto asco,
le producía en su tez húmedos besos,
que de mis labios prodigaba por entero
sin medir consecuencias ni excesos.
Amé el dolor que provocaba su rechazo,
el que hundió en mis entrañas infinito,
convirtiéndome en un ser cruel y maldito,
de su amor fantasmal y calculado.
Ese día yo la amé más que otros días,
mientras húmedo y caliente recorría,
con mis manos salpicado de los rojos
de su sangre esa piel pálida y fría.
Fue demente, fue completo, fue impaciente,
fue tan ruin, tan bestial entre mis manos,
corazón por fin tan mío, enajenado,
amé sin reservas, la mujer de mi hermano.
hembra cruel y malvada que laceró mi corazón,
mujer demente que envolvió lánguida mi cordura,
llevándose al infierno junto a ella mi razón.
Amé sin reservas a un ser demoniaco,
que con sonrisas tiernas engañaba a todo ser,
que con miradas dulces envolvía en mentiras,
la voluntad débil de dos hombres sin temer.
Amé a esa mujer voluntariosa,
esa que no se detenía en el sufrir,
esa que con su vos dulce y armoniosa,
despertaba en mí ser odio sin fin.
Amé a la mujer que no era mía,
pero ella tampoco era de él,
porque esta jamás codició un dueño,
solo permitía el poseer de su piel.
Amé hasta el día en que me dijo cuanto asco,
le producía en su tez húmedos besos,
que de mis labios prodigaba por entero
sin medir consecuencias ni excesos.
Amé el dolor que provocaba su rechazo,
el que hundió en mis entrañas infinito,
convirtiéndome en un ser cruel y maldito,
de su amor fantasmal y calculado.
Ese día yo la amé más que otros días,
mientras húmedo y caliente recorría,
con mis manos salpicado de los rojos
de su sangre esa piel pálida y fría.
Fue demente, fue completo, fue impaciente,
fue tan ruin, tan bestial entre mis manos,
corazón por fin tan mío, enajenado,
amé sin reservas, la mujer de mi hermano.
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