Gilmar Antonio
Poeta recién llegado
La mujer del paso de cebra,
Lleva a fuego un encanto de bruja,
Como miel sobre un muro de hiedra,
Y mirada de punta de aguja.
Tiene piel cocinada a fuego alto
Bajo un sol que veranea en invierno
Su sombra derrite el asfalto:
Es paraíso en días de infierno.
Deja un par de kilómetros al descubierto
Detrás de mil millones de embelesados
Aterriza como en un aeropuerto
Su carruaje en faldita embalado.
Presume un envase hecho a mano;
Contenedor de ojos de gata,
Retaguardia que observan en vano,
Piel venenosa que mata.
Efluvios que solo existen en sueños
Levitación frente a mi fortaleza
Silueta que me hace pequeño:
La fantasía de la simpleza.
Desplazamiento de volcán en erupción
Conticinio en plena luz del día
Fiera recia que cierra el telón
Cuando sin decir adiós se despedía.
Lleva a fuego un encanto de bruja,
Como miel sobre un muro de hiedra,
Y mirada de punta de aguja.
Tiene piel cocinada a fuego alto
Bajo un sol que veranea en invierno
Su sombra derrite el asfalto:
Es paraíso en días de infierno.
Deja un par de kilómetros al descubierto
Detrás de mil millones de embelesados
Aterriza como en un aeropuerto
Su carruaje en faldita embalado.
Presume un envase hecho a mano;
Contenedor de ojos de gata,
Retaguardia que observan en vano,
Piel venenosa que mata.
Efluvios que solo existen en sueños
Levitación frente a mi fortaleza
Silueta que me hace pequeño:
La fantasía de la simpleza.
Desplazamiento de volcán en erupción
Conticinio en plena luz del día
Fiera recia que cierra el telón
Cuando sin decir adiós se despedía.