Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
La mujer que grita se viste de negro
y tira de un carro robado en la feria
cargado de bártulos figurando plétoras
que porta celosa, como a su miseria.
La mujer que grita; grita cosas locas.
Coherentes algunas, y otras obstinadas
en su ayer-presente y en alguien que ama
y a quien le regaña su insalvable falta.
En su mente enferma, su amoroso hijo,
etéreo retoza, y ella, marioneta delírica
alarmada y tensa; ¡que se desgañita!:
“¡Cuidado ese coche! ¡Te doy, sabandija!”
Su índice severo, trémulo amenaza.
Gesto que en un rapto se torna caricia
a la frente del ángel, que a dulce utopía,
deseo, no sólo recree la mujer que grita.
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