Silvia Eugenia
Poeta recién llegado
No, no estoy loca
Aunque mis ojos se disuelvan tras las rejas del hospicio. No estoy loca, no. Tengo la certidumbre de mis acciones y voluntades.
Los ángeles me miraban impávidos ... santa Rita, san Gerardo y aquél otro santito con el perro negro. Mudos. Ninguno dijo nada.
¡Yo deseaba tanto esa muñequita rubia!
Era rubia y tenia aros perlitas. Era rubia, de goma, blandita, flexible, no como esas muñecas de plástico que mis padres solían comprarme.
Yo miraba los santos y pensaba en ella....
( mientras sus manos se deslizaban por mis muslos, movía la pelvis)…Los santitos ardían tras las velas
Hoy es 16 de enero. Hace calor. Había humo en el dormitorio oscuro y el emitía extrañas muecas y murmullos – quédate quietita, yo te voy la voy a comprar –( y sus flacos arrugados dedos caminaban por mis piernas, se metían bajo mi pollera, se metían y me buscaban )
Y sus ojos de viejo ardían como las velas
Y su respiración me penetraba por la espalda
Y su saliva espesa se subía por mi pelo.
Y la muñequita rubia me esperaba….
El marco de la puerta oscura, la cama sin frazadas, las paredes grises y esa pavorosa soledad de mi niñez angosta, tan sin asco, sin miedos, sin huidas… solo la esperanza de irme al sol. A calentarme el cuerpo. A bañarme los ojos.
No, no estoy loca, las mareas seductoras de vacío llenaron mi infancia, ese instinto fatal de escrudiñar tras las puertas, resultó el infierno.
Como quien vuelve a casa después de rodar un tiempo, empecé a volarme fantasías, a hundirme en los abismos de la mente. Preferí el silencio.
Nunca más dije nada. Ni un sonido.
No estoy loca. Aunque las rejas del hospicio surquen mis mares
Fuguen mis voces. Muerdan mi tiempo.
(Según UNIFEM, 6 de cada 10 mujeres han sufrido alguna forma de violencia sexual o física a lo largo de su vida.)
Silvia Eugenia Gomez
Aunque mis ojos se disuelvan tras las rejas del hospicio. No estoy loca, no. Tengo la certidumbre de mis acciones y voluntades.
Los ángeles me miraban impávidos ... santa Rita, san Gerardo y aquél otro santito con el perro negro. Mudos. Ninguno dijo nada.
¡Yo deseaba tanto esa muñequita rubia!
Era rubia y tenia aros perlitas. Era rubia, de goma, blandita, flexible, no como esas muñecas de plástico que mis padres solían comprarme.
Yo miraba los santos y pensaba en ella....
( mientras sus manos se deslizaban por mis muslos, movía la pelvis)…Los santitos ardían tras las velas
Hoy es 16 de enero. Hace calor. Había humo en el dormitorio oscuro y el emitía extrañas muecas y murmullos – quédate quietita, yo te voy la voy a comprar –( y sus flacos arrugados dedos caminaban por mis piernas, se metían bajo mi pollera, se metían y me buscaban )
Y sus ojos de viejo ardían como las velas
Y su respiración me penetraba por la espalda
Y su saliva espesa se subía por mi pelo.
Y la muñequita rubia me esperaba….
El marco de la puerta oscura, la cama sin frazadas, las paredes grises y esa pavorosa soledad de mi niñez angosta, tan sin asco, sin miedos, sin huidas… solo la esperanza de irme al sol. A calentarme el cuerpo. A bañarme los ojos.
No, no estoy loca, las mareas seductoras de vacío llenaron mi infancia, ese instinto fatal de escrudiñar tras las puertas, resultó el infierno.
Como quien vuelve a casa después de rodar un tiempo, empecé a volarme fantasías, a hundirme en los abismos de la mente. Preferí el silencio.
Nunca más dije nada. Ni un sonido.
No estoy loca. Aunque las rejas del hospicio surquen mis mares
Fuguen mis voces. Muerdan mi tiempo.
(Según UNIFEM, 6 de cada 10 mujeres han sufrido alguna forma de violencia sexual o física a lo largo de su vida.)
Silvia Eugenia Gomez
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