La música ausente, del brillo del agua.
No hace ya eco, en las cuevas del alma.
El vacío ahonda cada vez más dentro
y noto sentirme cada vez más muerto
La savia que iba del tallo a la hoja
se encuentra tan seca como un reloj sin hora.
No sé si dormido o marchito por dentro.
Hallo cenizas donde siempre hubo fuego.
La mañana exangüe de color y blancura,
Se posó en mis ojos con su charla muda.
Y susurraba silencio con voz de amargura.
Quise alcanzar el sol más allá de las aguas,
y en vano intento mis pupilas miraban.
Allá a lo lejos las luces se apagan.