Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
La música resbala
a través de largos tubos de notas
que salpican de agua;
los muertos dispuestos a bañarse en ella,
en su interior de piedra sin oídos,
son fruta que se quedó sin dientes,
el pasado del futuro nuestro,
raíz que sustenta estas paredes
de las que formamos parte
y ponemos los dedos sobre ellas
y dibujamos nombres
y apocalípticas formas de amar,
de reducir el polvo a ese instante
que todos reconocemos
después de siglos.
La música enseña
armonía al viento curioso
que se cuela bajo la puerta desencajada
y el cristal roto;
es clave de sol de cualquier verde
que se agita fuera,
revolución de los árboles
que sí escuchan,
la vida que se escapa del encierro
y asalta las ciudades, los campos,
los desiertos,
el devenir de la luz sobre la sombra,
la solución a un tiempo
de artificio y muerte.