Descuida el sincero amanecer
una hora, un día más.
Lúcido es el atardecer
contaminado sin humildad.
En montaña fui escalando
más y más cada peldaño.
estando al fin atisbando
nítida luz en blanco.
Tras el monte de neblina
espera con oscura pureza
ese nombre que peligra
nadando entre maleza.
Busca con amplia cautela
las sonrisas ya muertas
anticipando, aunque duela
nudos de áspera tormenta.
Quebrantando aquella ley,
urbe del sonido del monte.
Esa ley que aunque neguéis
es la ley del bosque.
Imita ser animal prendido
dentro de trampa despiadada,
oculta entre sentimientos vacíos.
Sé que la naturaleza se llama Laura.