La nieve no reemplaza las lágrimas

Glendalis Lugo

Poeta veterano en el portal
La nieve no reemplaza las lágrimas

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Era una tarde de invierno, la nieve caía como estrellitas traviesas que bajaban del cielo, Grace no dejaba de mirarlas queriendo atraparlas y jugar con ellas infinitamente pero sólo podía observarlas desde el cristal de su ventana. Ese día era el funeral de su abuela, cuanto la extrañaría, quería llorar pero ella se lo había prohibido, todavía se acordaba de sus palabras: -"Grace, tienes que prometerme que no vas a llorar en el momento de mi partida y solo cuando sientas tantas ganas de hacerlo ve a mi cajón y encontrarás un libro, Mi Diario de Vida, allí vas a encontrar una llave, con ella abrirás un cofre que tengo guardado en el sótano pero prométeme que no vas a llorar y que sólo cuando ya no puedas contenerte abrirás el cofre"-le dijo sonriendo. Ella había preguntado que contenía el cofre pero nunca le había contestado, había muerto la mañana siguiente y como le prometió no había llorado, incluso en el funeral no lo hizo, ni en mucho tiempo después.

Habían pasado diez años de la muerte de la abuela, ella ya había crecido y era toda una mujer; estudiaba medicina y ya no vivía con sus padres, el tiempo era muy poco para visitarlos pero pronto lo haría. Un día recibió una llamada de su madre diciéndole que iban a vender la casa de la abuela y dejarle el dinero en un fideicomiso para sus estudios, que por favor hiciera todo lo posible por visitarlos porque unos papeles requerían su firma. Por primera vez después en diez años sintió una tristeza que le traspasaba el corazón recordando a su abuela.

Había dejado de pensar en ella para no recordar su partida, sólo recordaba los momentos alegres con ella, pero en ese instante se acordó de aquella promesa que le cambió la vida, jamás había vuelto a llorar ¿en qué se había convertido? se preguntó ¿qu
é quiso la abuela con aquella rara petición ?, ¿por que no dejó que ella llorara?, jamás lo había entendido.

Esperó las vacaciones de la Universidad y emprendió el camino hacia su casa, conducía el auto a alta velocidad sin la precaución debida, la carretera estaba húmeda porque había nevado pero ella hizo caso omiso del peligro, más adelante se atraves
ó un ciervo en medio de la carretera, trató de esquivarlo pero por más que frenó, desgraciadamente no pudo evitarlo y lo atropelló, bajó del carro angustiada, esperaba que estuviera vivo, se acercó y sintió que el corazón todavía latía, de una pata le salía sangre pero sólo fue un rasguño, bajó su maletín del auto y lo curó, el ciervo se levantó tambaleando, éste la miró y se fue corriendo por una vereda, ella conocía ese camino, estaba cerca de la casa y conducía al cementerio.

Condujo el auto hasta el cementerio, creyó ver el ciervo y lo siguió, desapareció detrás de una tumba. Cuando vio el nombre de su abuela en la tumba ya no pudo contenerse, lágrimas corrían por sus mejillas, eran como cuando caía la nieve, frías e incontables. Por fin había llorado, le dijo a la abuela: “he roto la promesa abuela, he llorado, ya no dejo de hacerlo, te amaba tanto, ahora entiendo que si me dejabas llorar, jamás me recuperaría por tu partida y no sería ahora quien soy, gracias abuela”.

Recogió unas flores de un jardín cercano y las dejó en la tumba, vio el ciervo desaparecer en una espesa niebla; llegó a su casa llorando, sus padres la miraron sorprendidos, hacía tanto tiempo no la veían así, ella les contó toda la experiencia con el ciervo y la visita al cementerio.

La abrazaron hasta que ella se tranquilizó, entraron a la casa y cenaron; que delicia era regresar a su hogar. Más tarde en la noche fue a la habitación de la abuela, toda permanecía igual, abrió el cajón y encontró el Diario, lo leyó hasta quedarse dormida con la llave en sus manos. A la mañana siguiente cuando aún sus padres dormían bajo al sótano y encontró el cofre, lo abrió, encontró fotografías de la abuela, en todas estaban juntas y sonreían; joyas valiosas que ella recordaba haber jugado con ellas de pequeña que encontró con una pequeña nota que decía: “Grace, mi nieta adorada, cuando abras este cofre habrás roto la promesa, espero que haya pasado mucho tiempo, quiero que sepas que te perdono y que no te quepa la menor duda que eres y serás siempre mi tesoro más valioso. Cerró el cofre lloró pero de felicidad, lo llevaría por siempre consigo como lo quería la abuela. Ya realizada la venta de la casa tenía que regresar a su apartamento; antes de partir miró hacia el camino que conducía al cementerio en donde creyó ver la figura de su abuela junto al ciervo, internándose en una blanca neblina, diciéndole, adiós.



 
Última edición:
Te mereces este relato por tu ayuda desinteresada de esta aprendiz que con tropiezos ha logrado con su prosa llegar a muchos corazones, Creo que la coincidencia no existe por que Dios lee corazones,Muchas gracias por todo,abrazos.

Bello desde el nombre, mariposa, qué lindo cervatillo has puesto de imagen.
¿Alguien dijo que esta poeta-escritora no aprendería? Sí, está aprendiendo y tiene una imaginación privilegiada porque se inspira en lo que en ella nace, naturaleza, vivencias, imaginaciones, leyendas, es diversa y me encanta. Todo lo demás se irá arreglando por el camino, cuando hay interés y trabajo TODO SE LOGRA, TODO, así como vas, pasarás a dejarnos a muchos atrás que nos vamos quedando.
Yo me siento más que orgullosa, emocionada que hayas dedicado a mí este trabajo que es precioso, que entrega un mensaje de vida, porque la vida continúa después de la vida, como ese cervatillo, el alma de la abuela de GRACE que vino a visitarla para que por fin diera soltura al llanto que no tuvo cuando era niña, no era tiempo, no comprendía, todo tiempo llega cuando es hora y fíjate, hay algo coincidente aquí:
Hoy han sepultado a una amiga mía de años, no fui a su funeral, ella sabía que no me gustaban, que la recordaré eterno viva, mirando las flores, acariciando los niños, saludando a los vecinos y se fue con una sonrisa en los labios. Ya no puedo seguir, amiga, la emoción me embarga ¡qué cosas tiene la vida!.
Tú seguirás creciendo niña, al entregarme esta felicidad la tuya se cuadruplicará porque quien hace bien todo se le devuelve en esta vida.
Jamás olvidaré gesto que has tenido conmigo al dedicarme tu creación, es lo más bello que puedas regalarme. Que la vida te bendiga, mariposa. Muchísimas gracias. Te quiero mucho y admiro tu constancia y amor por la Poesía y la Prosa que es tu especialidad. Besos.


 
La nieve no remplaza las lágrimas





La nieve iba cayendo como estrellitas que caen del cielo, Grace no dejaba de mirarlas queriendo atraparlas y jugar con ellas todo el tiempo pero sólo podía observarlas desde el cristal de su ventana. Ese día era el funeral de su abuela, cuanto la extrañaría, quería llorar pero ella se lo había prohibido, todavía se acordaba de sus palabras: "Grace, tienes que prometerme que no vas a llorar y cuando sientas tantas ganas de hacerlo ve a mi cajón y encontrarás un libro, Mi Diario de Vida, allí vas a encontrar una llave, con ella abrirás un cofre que tengo guardado en el sótano pero prométeme que no vas a llorar y que sólo cuando ya no puedas contenerte abrirás el cofre", decíale sonriendo. Ella había preguntado que contenía el cofre pero nunca le había contestado, había muerto la mañana siguiente y como le prometió no había llorado, incluso en el funeral no lo hizo, ni en mucho tiempo después.

Habían pasado diez años de la muerte de la abuela, ella ya había crecido y era toda una mujer; estudiaba medicina y ya no vivía con sus padres, el tiempo era muy poco para visitarlos pero pronto lo haría. Un día recibe una llamada de su madre diciéndole que iban a vender la casa de la abuela y dejarle el dinero en un fideicomiso para sus estudios, que hiciera todo lo posible por visitarlos porque unos papeles requerían su firma. Por primera vez después en diez años sintió una tristeza que le traspasaba el corazón recordando a su abuela.
Había dejado de pensar en ella para no sufrir, sólo recordaba los momentos alegres con ella, pero ese día se acordó de aquella promesa que le cambió la vida, jamás había vuelto a llorar ¿en qué se había convertido? se preguntaba ¿que quería la abuela?, ¿por que no dejó que la llorara?, jamás lo había entendido. Esperó las vacaciones de la Universidad y emprendió el camino hacia su casa, iba conduciendo el auto a alta velocidad sin la precaución debida, la carretera estaba húmeda porque había nevado pero ella hacia caso omiso del peligro, más adelante atravieza un ciervo en medio de la carretera, trata de esquivarlo pero por más que frenó, desgraciadamente no pudo evitarlo y lo atropelló, bajó del carro angustiada, esperaba que estuviera vivo, se acercó y sintió que el corazón todavía latía, de una pata del ciervo salía sangre pero sólo fue un rasguño, bajó su maletín del auto y lo curó, el ciervo se levantó tambaleando, éste la miró y se fue corriendo por una vereda, ella conocía ese camino, estaba cerca de la casa y conducía al cementerio.

Condujo el auto hasta el cementerio, creyó ver el ciervo y lo siguió, desapareció detrás de una tumba. Cuando vio el nombre de su abuela en la tumba ya no pudo contenerse, lágrimas corrían por sus mejillas, eran como cuando caía la nieve, frías e incontables. Por fin había llorado, le dijo a la abuela: “he roto la promesa abuela, he llorado, ya no dejo de hacerlo, te amaba tanto, ahora entiendo que si me dejabas llorar, jamás me recuperaría y no sería quien soy, gracias abuela”. Recogió unas flores de un jardín cercano y las dejo en la tumba, vio el ciervo desaparecer en una espesa niebla; llegó a su casa llorando, sus padres la miraron sorprendidos, hacía tanto tiempo no la veían así, ella les contó toda la experiencia con el ciervo y la visita al cementerio.

La abrazaron hasta que ella se tranquilizó, entraron a la casa y cenaron; que delicia era regresar a su hogar, pensaba Grace. Más tarde en la noche fue a la habitación de la abuela, toda permanecía igual, abrió el cajón y encontró el Diario, lo leyó hasta quedarse dormida con la llave en sus manos. A la mañana siguiente cuando aún sus padres dormían bajo al sótano y encontró el cofre, lo abrió, encontró fotografías de la abuela, en todas estaban juntas y sonreían; joyas valiosas que ella recordaba haber jugado con ellas de pequeña que encontró con una pequeña nota que decía: “Grace, mi nieta adorada, cuando abras este cofre habrás roto la promesa, espero que haya pasado mucho tiempo, quiero que sepas que te perdono y que no te quede la menor duda que eres y serás siempre mi tesoro más valioso. Cerró el cofre lloró pero de felicidad, lo llevaría por siempre consigo como lo quería la abuela. Ya realizada la venta de la casa tenía que regresar a su apartamento; antes de partir miró hacia el camino que conducía al cementerio en donde vio la figura de su abuela junto al ciervo, internándose en una blanca neblina, diciéndole, adiós.


Bonita prosa, bella dedicatoria, que muestra y enseña más de lo que se lee. Porque es el alma quien reconoce la belleza y no la vista que absorta la contempla. Tú, linda mariposa nos acercas a la bella flor de tu corazón, y ahí...¡Magia! descubrimos la esencia de tu alma. Gracias por compartir amiga. Y no dejes de releer lo que escribes porque la primera en recibir el mensaje en primera persona eres tu misma. Todo tiene un porqué, si no es para hoy para mañana puede ser...
¡Felicidades! Porque quien trabaja merece ser reconocido, y tú tallas como escultora tus obras con preciosas letras...
¡Felicidades a Elisalle! Por la dulzura depositada en tan bonito postre para los sentidos...
Besos de estrellas...
Vidal
 
Última edición:
Leyéndote se me ha erizado la piel, cómo sabes adentrarte en sentimientos que laten profundos dentro del alma. Me he acordado de mis abuelas, bellas figuras que patentizaron su amor en los nietos y nietas de su corazón. Rememorarlas es recordar lo esenciales que son en la vida infantil. Besazos, estrellas y reputación de corazón, me deje la máquina o no.

La nieve no remplaza las lágrimas




La nieve iba cayendo como estrellitas que caen del cielo, Grace no dejaba de mirarlas queriendo atraparlas y jugar con ellas todo el tiempo pero sólo podía observarlas desde el cristal de su ventana. Ese día era el funeral de su abuela, cuanto la extrañaría, quería llorar pero ella se lo había prohibido, todavía se acordaba de sus palabras: "Grace, tienes que prometerme que no vas a llorar y cuando sientas tantas ganas de hacerlo ve a mi cajón y encontrarás un libro, Mi Diario de Vida, allí vas a encontrar una llave, con ella abrirás un cofre que tengo guardado en el sótano pero prométeme que no vas a llorar y que sólo cuando ya no puedas contenerte abrirás el cofre", decíale sonriendo. Ella había preguntado que contenía el cofre pero nunca le había contestado, había muerto la mañana siguiente y como le prometió no había llorado, incluso en el funeral no lo hizo, ni en mucho tiempo después.

Habían pasado diez años de la muerte de la abuela, ella ya había crecido y era toda una mujer; estudiaba medicina y ya no vivía con sus padres, el tiempo era muy poco para visitarlos pero pronto lo haría. Un día recibe una llamada de su madre diciéndole que iban a vender la casa de la abuela y dejarle el dinero en un fideicomiso para sus estudios, que hiciera todo lo posible por visitarlos porque unos papeles requerían su firma. Por primera vez después en diez años sintió una tristeza que le traspasaba el corazón recordando a su abuela.
Había dejado de pensar en ella para no sufrir, sólo recordaba los momentos alegres con ella, pero ese día se acordó de aquella promesa que le cambió la vida, jamás había vuelto a llorar ¿en qué se había convertido? se preguntaba ¿que quería la abuela?, ¿por que no dejó que la llorara?, jamás lo había entendido. Esperó las vacaciones de la Universidad y emprendió el camino hacia su casa, iba conduciendo el auto a alta velocidad sin la precaución debida, la carretera estaba húmeda porque había nevado pero ella hacia caso omiso del peligro, más adelante atravieza un ciervo en medio de la carretera, trata de esquivarlo pero por más que frenó, desgraciadamente no pudo evitarlo y lo atropelló, bajó del carro angustiada, esperaba que estuviera vivo, se acercó y sintió que el corazón todavía latía, de una pata del ciervo salía sangre pero sólo fue un rasguño, bajó su maletín del auto y lo curó, el ciervo se levantó tambaleando, éste la miró y se fue corriendo por una vereda, ella conocía ese camino, estaba cerca de la casa y conducía al cementerio.

Condujo el auto hasta el cementerio, creyó ver el ciervo y lo siguió, desapareció detrás de una tumba. Cuando vio el nombre de su abuela en la tumba ya no pudo contenerse, lágrimas corrían por sus mejillas, eran como cuando caía la nieve, frías e incontables. Por fin había llorado, le dijo a la abuela: “he roto la promesa abuela, he llorado, ya no dejo de hacerlo, te amaba tanto, ahora entiendo que si me dejabas llorar, jamás me recuperaría y no sería quien soy, gracias abuela”. Recogió unas flores de un jardín cercano y las dejo en la tumba, vio el ciervo desaparecer en una espesa niebla; llegó a su casa llorando, sus padres la miraron sorprendidos, hacía tanto tiempo no la veían así, ella les contó toda la experiencia con el ciervo y la visita al cementerio.

La abrazaron hasta que ella se tranquilizó, entraron a la casa y cenaron; que delicia era regresar a su hogar, pensaba Grace. Más tarde en la noche fue a la habitación de la abuela, toda permanecía igual, abrió el cajón y encontró el Diario, lo leyó hasta quedarse dormida con la llave en sus manos. A la mañana siguiente cuando aún sus padres dormían bajo al sótano y encontró el cofre, lo abrió, encontró fotografías de la abuela, en todas estaban juntas y sonreían; joyas valiosas que ella recordaba haber jugado con ellas de pequeña que encontró con una pequeña nota que decía: “Grace, mi nieta adorada, cuando abras este cofre habrás roto la promesa, espero que haya pasado mucho tiempo, quiero que sepas que te perdono y que no te quede la menor duda que eres y serás siempre mi tesoro más valioso. Cerró el cofre lloró pero de felicidad, lo llevaría por siempre consigo como lo quería la abuela. Ya realizada la venta de la casa tenía que regresar a su apartamento; antes de partir miró hacia el camino que conducía al cementerio en donde vio la figura de su abuela junto al ciervo, internándose en una blanca neblina, diciéndole, adiós.
 
mira, muchacha ,buena para manifestar los sentimientos a la dama eliselle, y que relatazo, mi amiga, !qué inspiración! ya te doy estrellas de montón, agarralas ante que se vayan... jajaja con jejeje
gracias por la persona que eres.
que seas feliz en compañía de la familia, ismeña.
un abrazo de aquellos
tu amigo:Gonzalo
 
Gracias Gonzalo me encanta que te haya gustado,saludos
mira, muchacha ,buena para manifestar los sentimientos a la dama eliselle, y que relatazo, mi amiga, !qué inspiración! ya te doy estrellas de montón, agarralas ante que se vayan... jajaja con jejeje
gracias por la persona que eres.
que seas feliz en compañía de la familia, ismeña.
un abrazo de aquellos
tu amigo:Gonzalo
 
La nieve no remplaza las lágrimas




La nieve iba cayendo como estrellitas que caen del cielo, Grace no dejaba de mirarlas queriendo atraparlas y jugar con ellas todo el tiempo pero sólo podía observarlas desde el cristal de su ventana. Ese día era el funeral de su abuela, cuanto la extrañaría, quería llorar pero ella se lo había prohibido, todavía se acordaba de sus palabras: "Grace, tienes que prometerme que no vas a llorar y cuando sientas tantas ganas de hacerlo ve a mi cajón y encontrarás un libro, Mi Diario de Vida, allí vas a encontrar una llave, con ella abrirás un cofre que tengo guardado en el sótano pero prométeme que no vas a llorar y que sólo cuando ya no puedas contenerte abrirás el cofre", decíale sonriendo. Ella había preguntado que contenía el cofre pero nunca le había contestado, había muerto la mañana siguiente y como le prometió no había llorado, incluso en el funeral no lo hizo, ni en mucho tiempo después.

Habían pasado diez años de la muerte de la abuela, ella ya había crecido y era toda una mujer; estudiaba medicina y ya no vivía con sus padres, el tiempo era muy poco para visitarlos pero pronto lo haría. Un día recibe una llamada de su madre diciéndole que iban a vender la casa de la abuela y dejarle el dinero en un fideicomiso para sus estudios, que hiciera todo lo posible por visitarlos porque unos papeles requerían su firma. Por primera vez después en diez años sintió una tristeza que le traspasaba el corazón recordando a su abuela.
Había dejado de pensar en ella para no sufrir, sólo recordaba los momentos alegres con ella, pero ese día se acordó de aquella promesa que le cambió la vida, jamás había vuelto a llorar ¿en qué se había convertido? se preguntaba ¿que quería la abuela?, ¿por que no dejó que la llorara?, jamás lo había entendido. Esperó las vacaciones de la Universidad y emprendió el camino hacia su casa, iba conduciendo el auto a alta velocidad sin la precaución debida, la carretera estaba húmeda porque había nevado pero ella hacia caso omiso del peligro, más adelante atravieza un ciervo en medio de la carretera, trata de esquivarlo pero por más que frenó, desgraciadamente no pudo evitarlo y lo atropelló, bajó del carro angustiada, esperaba que estuviera vivo, se acercó y sintió que el corazón todavía latía, de una pata del ciervo salía sangre pero sólo fue un rasguño, bajó su maletín del auto y lo curó, el ciervo se levantó tambaleando, éste la miró y se fue corriendo por una vereda, ella conocía ese camino, estaba cerca de la casa y conducía al cementerio.

Condujo el auto hasta el cementerio, creyó ver el ciervo y lo siguió, desapareció detrás de una tumba. Cuando vio el nombre de su abuela en la tumba ya no pudo contenerse, lágrimas corrían por sus mejillas, eran como cuando caía la nieve, frías e incontables. Por fin había llorado, le dijo a la abuela: “he roto la promesa abuela, he llorado, ya no dejo de hacerlo, te amaba tanto, ahora entiendo que si me dejabas llorar, jamás me recuperaría y no sería quien soy, gracias abuela”. Recogió unas flores de un jardín cercano y las dejo en la tumba, vio el ciervo desaparecer en una espesa niebla; llegó a su casa llorando, sus padres la miraron sorprendidos, hacía tanto tiempo no la veían así, ella les contó toda la experiencia con el ciervo y la visita al cementerio.

La abrazaron hasta que ella se tranquilizó, entraron a la casa y cenaron; que delicia era regresar a su hogar, pensaba Grace. Más tarde en la noche fue a la habitación de la abuela, toda permanecía igual, abrió el cajón y encontró el Diario, lo leyó hasta quedarse dormida con la llave en sus manos. A la mañana siguiente cuando aún sus padres dormían bajo al sótano y encontró el cofre, lo abrió, encontró fotografías de la abuela, en todas estaban juntas y sonreían; joyas valiosas que ella recordaba haber jugado con ellas de pequeña que encontró con una pequeña nota que decía: “Grace, mi nieta adorada, cuando abras este cofre habrás roto la promesa, espero que haya pasado mucho tiempo, quiero que sepas que te perdono y que no te quede la menor duda que eres y serás siempre mi tesoro más valioso. Cerró el cofre lloró pero de felicidad, lo llevaría por siempre consigo como lo quería la abuela. Ya realizada la venta de la casa tenía que regresar a su apartamento; antes de partir miró hacia el camino que conducía al cementerio en donde vio la figura de su abuela junto al ciervo, internándose en una blanca neblina, diciéndole, adiós.



Gracias por invitarme a tu prosa... me ha encantado el relato.... Pude sentir el dolor de Grace por su abuela... Te felicito por tus letras


Estrellas y un café
 
Mi querida amiga Mariposa73, es para mí un placer leer tus escritos, todos ellos de una exquisita sensibilidad. Gracias por este maravilloso regalo. Te dejo estrellas y un fuerte abrazo de amigo.
 
Gracias Sigfredo por tu bello comentario veo que te ha conmovido la prosa eso es bueno para mi por que veo que estoy llegando a donde quiero tocar corazones,saludos y abrazos.
¡Hola mariposa73pr!

Bellísima y muy tierna esta composición; te cuento que casi lloro, pero que no lo hice por respeto a la abuela; cierto casi me haces llorar, eso demuestra que eres sensacional.

Suerte y cuidate.

Sigifredo Silva
 
Amiga espero pases bello domingo un abrazo fuerte.

A mariposa hay que apoyarla siempre porque la imaginación que tiene se las encargo; la ortografía, cuando no se trae desde niña se aprende leyendo mucho y mariposa lo sabe. Yo he visto crecimiento desde que llegó hasta hoy, pero muy notable y puede ser una de los grandes valores del Portal, aunque un poco ya lo es.
Vamos niña, feliz Domingo. Besos.


 
Lágrimas, nunca sabes lo lección que te darán, tarde o temprano. Cada uno con su punto de vista, es muy válido. Un abrazo fuerte!!
 
Última edición:
Te aplaudo, pero tristemente no puedo reputarte...
Mi querida amiga, un trabajo extraordinario, lleno de sensibilidad, amor, ternura, mecanismos de defensa, que luego es necesario cambiar por una catarsis necesaria.

Yo estoy en etapa de duelo, por alguien que quería mucho, te he leído y al igual que Grace, no puedo contener mis lágrimas, son una mezcla de dolor y alegría.

Mil gracias por este tesoro.
Mi amistad y estrellas para tu bellos cielo.
Dios te bendiga.
 
Gracias Patrizzia por haber aceptado mi invitacion y tu bello comentario,saludos
Te aplaudo, pero tristemente no puedo reputarte...
Mi querida amiga, un trabajo extraordinario, lleno de sensibilidad, amor, ternura, mecanismos de defensa, que luego es necesario cambiar por una catarsis necesaria.

Yo estoy en etapa de duelo, por alguien que quería mucho, te he leído y al igual que Grace, no puedo contener mis lágrimas, son una mezcla de dolor y alegría.

Mil gracias por este tesoro.
Mi amistad y estrellas para tu bellos cielo.
Dios te bendiga.
 
Realmente hermoso y conmovedor tu relato: me ha "enganchado" desde el principio, y hasta te diría que se me ha hecho corto. Recibe mi felicitación, mi reputación y mis estrellas.

Un beso.
 
Gracias Jose Luis por tu bello comentario y por haber aceptado mi invitacion,saludos
José Luis Blázquez;3706434 dijo:
Realmente hermoso y conmovedor tu relato: me ha "enganchado" desde el principio, y hasta te diría que se me ha hecho corto. Recibe mi felicitación, mi reputación y mis estrellas.

Un beso.
 
La nieve no remplaza las lágrimas





La nieve iba cayendo como estrellitas que caen del cielo, Grace no dejaba de mirarlas queriendo atraparlas y jugar con ellas todo el tiempo pero sólo podía observarlas desde el cristal de su ventana. Ese día era el funeral de su abuela, cuanto la extrañaría, quería llorar pero ella se lo había prohibido, todavía se acordaba de sus palabras: "Grace, tienes que prometerme que no vas a llorar y cuando sientas tantas ganas de hacerlo ve a mi cajón y encontrarás un libro, Mi Diario de Vida, allí vas a encontrar una llave, con ella abrirás un cofre que tengo guardado en el sótano pero prométeme que no vas a llorar y que sólo cuando ya no puedas contenerte abrirás el cofre", decíale sonriendo. Ella había preguntado que contenía el cofre pero nunca le había contestado, había muerto la mañana siguiente y como le prometió no había llorado, incluso en el funeral no lo hizo, ni en mucho tiempo después.

Habían pasado diez años de la muerte de la abuela, ella ya había crecido y era toda una mujer; estudiaba medicina y ya no vivía con sus padres, el tiempo era muy poco para visitarlos pero pronto lo haría. Un día recibe una llamada de su madre diciéndole que iban a vender la casa de la abuela y dejarle el dinero en un fideicomiso para sus estudios, que hiciera todo lo posible por visitarlos porque unos papeles requerían su firma. Por primera vez después en diez años sintió una tristeza que le traspasaba el corazón recordando a su abuela.
Había dejado de pensar en ella para no sufrir, sólo recordaba los momentos alegres con ella, pero ese día se acordó de aquella promesa que le cambió la vida, jamás había vuelto a llorar ¿en qué se había convertido? se preguntaba ¿que quería la abuela?, ¿por que no dejó que la llorara?, jamás lo había entendido. Esperó las vacaciones de la Universidad y emprendió el camino hacia su casa, iba conduciendo el auto a alta velocidad sin la precaución debida, la carretera estaba húmeda porque había nevado pero ella hacia caso omiso del peligro, más adelante atravieza un ciervo en medio de la carretera, trata de esquivarlo pero por más que frenó, desgraciadamente no pudo evitarlo y lo atropelló, bajó del carro angustiada, esperaba que estuviera vivo, se acercó y sintió que el corazón todavía latía, de una pata del ciervo salía sangre pero sólo fue un rasguño, bajó su maletín del auto y lo curó, el ciervo se levantó tambaleando, éste la miró y se fue corriendo por una vereda, ella conocía ese camino, estaba cerca de la casa y conducía al cementerio.

Condujo el auto hasta el cementerio, creyó ver el ciervo y lo siguió, desapareció detrás de una tumba. Cuando vio el nombre de su abuela en la tumba ya no pudo contenerse, lágrimas corrían por sus mejillas, eran como cuando caía la nieve, frías e incontables. Por fin había llorado, le dijo a la abuela: “he roto la promesa abuela, he llorado, ya no dejo de hacerlo, te amaba tanto, ahora entiendo que si me dejabas llorar, jamás me recuperaría y no sería quien soy, gracias abuela”. Recogió unas flores de un jardín cercano y las dejo en la tumba, vio el ciervo desaparecer en una espesa niebla; llegó a su casa llorando, sus padres la miraron sorprendidos, hacía tanto tiempo no la veían así, ella les contó toda la experiencia con el ciervo y la visita al cementerio.

La abrazaron hasta que ella se tranquilizó, entraron a la casa y cenaron; que delicia era regresar a su hogar, pensaba Grace. Más tarde en la noche fue a la habitación de la abuela, toda permanecía igual, abrió el cajón y encontró el Diario, lo leyó hasta quedarse dormida con la llave en sus manos. A la mañana siguiente cuando aún sus padres dormían bajo al sótano y encontró el cofre, lo abrió, encontró fotografías de la abuela, en todas estaban juntas y sonreían; joyas valiosas que ella recordaba haber jugado con ellas de pequeña que encontró con una pequeña nota que decía: “Grace, mi nieta adorada, cuando abras este cofre habrás roto la promesa, espero que haya pasado mucho tiempo, quiero que sepas que te perdono y que no te quede la menor duda que eres y serás siempre mi tesoro más valioso. Cerró el cofre lloró pero de felicidad, lo llevaría por siempre consigo como lo quería la abuela. Ya realizada la venta de la casa tenía que regresar a su apartamento; antes de partir miró hacia el camino que conducía al cementerio en donde vio la figura de su abuela junto al ciervo, internándose en una blanca neblina, diciéndole, adiós.





Estimada poeta amiga mariposa 73pr, felicitaciones por tan maravillosa Prosa, DEDICADA a mi gran poeta y mejor amiga
María Margarita , YO LE LLAMO MARÍA , y la quiero mucho, y me alegra ver como has crecido tu amiga, en la poesía, principalmente en PROSA, UN GÉNERO QUE HAY QUE SABER MANEJAR.

ME ALEGRA MUCHO POR TÍ, GRACIAS POR LA INVITACIÓN Y NO ALCANZAN LOS HOMENAJES, QUE SE LE PUEDAN HACER A ESTA POETA Y AMIGA MARAVILLOSA, MARÍA.

LA VERDAD ES QUE LE MANDO UN BESO Y UN ABRAZO POÉTICO A AMBAS. FELICIDADES.TU AMIGO.


Hector Alberto Villarrruel.
 
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