La niña del espejo

Buena era la niña, que mala leche tenia aunque no tanto como para no romper el espejo, jajaja ha sido un placer leerlo amigo, buena historia, si me encuentro a la tía por mucho que me lea le diré que es muy buena por si acaso, abrazos y estrellas bien merecidas, Ricardo.


Querido Dulcinista este cuento me ha encantado, tiene originalidad y mantiene el suspenso mi mas sincera felicitacion, estrellas y besos. Marta
 
hermosa historia, moraleja al final entretenida, atrapa, me ha gustado mucho, saludos.
 
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Imara Horvath siempre fue una niña peculiar; egoísta y engreída, su afán de posesión era insaciable. De carácter propenso a la cólera, solía tener grandes arrebatos de ira por los motivos más triviales. Eso es lo que le pasó un día de octubre que se encontraba con su tía Ildikó en una espaciosa sala de la mansión familiar. Imara era una gran amante de los cuentos; le gustaban sobre todo los de terror, aunque su tía, consciente de su personalidad irascible y de la debilidad de sus nervios, se negaba muchas veces a leérselos. Sin embargo, Imara insistía con tal fuerza y perseverancia, que a su tía le era imposible negarse a sus deseos, así que ese día de octubre su tía Ildikó fue a la biblioteca a por un libro y le leyó un cuento cuya protagonista era una niña que por su egoísmo era encarcelada en una prisión inescrutable y oscura y de la que nunca consiguió salir. Al terminar la lectura, Imara comenzó a insultar a su tía y a gritarle que no le había gustado el cuento.
-¿No te ha gustado, querida?- preguntó la tía.
-No, me ha parecido muy flojo y poco creíble- contestó Imara.
-Entonces, quizás esto te parezca más creíble- dijo la tía, desapareciendo al terminar la frase.
-No te creas que solo tú puedes desaparecer- gritó Imara con un brillo de fuego en los ojos al ver que su cuerpo continuaba siendo visible.
Deseó con todas sus fuerzas volverse también invisible, y al no conseguirlo, empezó a romper todo lo que había en la sala. En un acceso de ira le dio un cabezazo a uno de los espejos. Sorprendentemente, el cristal no se rompió, sino que se tragó su cuerpo, y allí continúa, detrás del espejo desde hace más de cien años. Quien ha osado entrar en la espaciosa pieza, dice haber visto reflejado en el cristal el cuerpo diminuto y arrugado de una niña. Y llora, siempre está llorando; pero también se oyen risas en la sala, una mujer ríe con una risa ensordecedora. La misma voz que ríe, pregunta después: ¿Te gusta más este cuento, querida?

<span style="font-family:arial black;"><font size="3"><span style="color:#000000;">[video=youtube;pegP5eCzwyE]http://www.youtube.com/watch?v=pegP5eCzwyE[/video]

Eladio Parreño Elías

15-Febrero-2012
los espejos guardan misterios.. buen relato...
 
Imara Horvath siempre fue una niña peculiar; egoísta y engreída, su afán de posesión era insaciable. De carácter propenso a la cólera, solía tener grandes arrebatos de ira por los motivos más triviales. Eso es lo que le pasó un día de octubre que se encontraba con su tía Ildikó en una espaciosa sala de la mansión familiar. Imara era una gran amante de los cuentos; le gustaban sobre todo los de terror, aunque su tía, consciente de su personalidad irascible y de la debilidad de sus nervios, se negaba muchas veces a leérselos. Sin embargo, Imara insistía con tal fuerza y perseverancia, que a su tía le era imposible negarse a sus deseos, así que ese día de octubre su tía Ildikó fue a la biblioteca a por un libro y le leyó un cuento cuya protagonista era una niña que por su egoísmo era encarcelada en una prisión inescrutable y oscura y de la que nunca consiguió salir. Al terminar la lectura, Imara comenzó a insultar a su tía y a gritarle que no le había gustado el cuento.
-¿No te ha gustado, querida?- preguntó la tía.
-No, me ha parecido muy flojo y poco creíble- contestó Imara.
-Entonces, quizás esto te parezca más creíble- dijo la tía, desapareciendo al terminar la frase.
-No te creas que solo tú puedes desaparecer- gritó Imara con un brillo de fuego en los ojos al ver que su cuerpo continuaba siendo visible.
Deseó con todas sus fuerzas volverse también invisible, y al no conseguirlo, empezó a romper todo lo que había en la sala. En un acceso de ira le dio un cabezazo a uno de los espejos. Sorprendentemente, el cristal no se rompió, sino que se tragó su cuerpo, y allí continúa, detrás del espejo desde hace más de cien años. Quien ha osado entrar en la espaciosa pieza, dice haber visto reflejado en el cristal el cuerpo diminuto y arrugado de una niña. Y llora, siempre está llorando; pero también se oyen risas en la sala, una mujer ríe con una risa ensordecedora. La misma voz que ríe, pregunta después: ¿Te gusta más este cuento, querida?
Eladio Parreño Elías

15-Febrero-2012

ELADIO

Magnífica enseñanza nos deja tu relato,
nada mejor que la humildad.

Un fuerte abrazo.
 
Un cuento encerrado en otro cuento, me ha gustado esa estructura.
Me asusta eso de que la niña haya quedo atrapada en su propio reflejo, ella misma era la prisión, su egoísmo lo era. Y la tía se esfuma por completo, pero siniestramente le hace ver durante muchos años después la desgracia a la que ha quedado condenada, (¿Te gusta más este cuento, querida?). Seguro que para la niña será un cuento que jamás olvidara.

Muy buena historia, digna de leer. Además acompañada de aquella bella pieza musical que es el Adagio de Tomaso Albinoni haciéndola más disfrutable.

Saludos.
 

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