Teo Moran
Poeta fiel al portal
La niña se refleja en el agua,
en el espejo secreto del alma,
en las huellas íntimas del cielo
los pétalos de su desnudo cuerpo
suben por la baranda de la sierra
y con dulzura caen de mis dedos.
Lleva el aroma de una isla irisada
donde rompen las olas de fino cristal
y los alisios se pasean por la playa
borrando las huellas de la niña
que sueña en el espejo del agua.
Sus pies se hunden en el coral
de un mar de espumas y de anhelos,
en el cielo donde las nubes sin prisa
llevan silenciosas su secreto.
La niña desconsolada se hace sal
en la oración hermosa del viento,
lleva manojos de un dulce rosal
y los pétalos de su desnudo cuerpo
vuelan sobre los tejados de la ciudad
alejándose de la piel de mis dedos.
La niña duerme en la luz del alba,
teje con su sueño al recuerdo
en el espejo secreto del alma,
dibuja el rostro del hombre que ama,
la voz melodiosa de su garganta
que hoy es una gota fría de cristal
y su huella es regada por el mar
en la reverberación del espejo,
en el reflejo de un amor eterno.
en el espejo secreto del alma,
en las huellas íntimas del cielo
los pétalos de su desnudo cuerpo
suben por la baranda de la sierra
y con dulzura caen de mis dedos.
Lleva el aroma de una isla irisada
donde rompen las olas de fino cristal
y los alisios se pasean por la playa
borrando las huellas de la niña
que sueña en el espejo del agua.
Sus pies se hunden en el coral
de un mar de espumas y de anhelos,
en el cielo donde las nubes sin prisa
llevan silenciosas su secreto.
La niña desconsolada se hace sal
en la oración hermosa del viento,
lleva manojos de un dulce rosal
y los pétalos de su desnudo cuerpo
vuelan sobre los tejados de la ciudad
alejándose de la piel de mis dedos.
La niña duerme en la luz del alba,
teje con su sueño al recuerdo
en el espejo secreto del alma,
dibuja el rostro del hombre que ama,
la voz melodiosa de su garganta
que hoy es una gota fría de cristal
y su huella es regada por el mar
en la reverberación del espejo,
en el reflejo de un amor eterno.