Llueve a cantaros esta tarde de octubre
y están las calles ausentes de algarabía.
La niña aburrida, porque no puede salir a jugar,
en silencio ojea, a través del ventanal del salón,
manteniendo la naricilla aplastadita contra el cristal.
Un hombre que corría por evitar mojarse
de un resbalón quedo de espaldas al suelo
y las piernas al aire.
Y se rompió el silencio en aquel salón
una risotada infantil hace su aparición.
La niña a su madre comenta entre risas:
_ Un señor resbaló y quedò patas arriba.
Lección de madre, que no se hizo esperar:
- ¡ del mal ajeno no te has de burlar !