rosa amarilla
Poeta que no puede vivir sin el portal

Sentada en el velador
de su pequeña terraza,
saboreaba un café,
mientras la tarde avanzaba...
Con un libro entre las manos,
la tristeza en la mirada
y en el pecho el sufrimiento,
por quien no la recordaba...
El fiel rosal amarillo
que en una esquina adornaba,
era sumiso testigo
del dolor que la embargaba...
De los más dulces recuerdos
tiene el alma aderezada
y una no vida marchita,
que sin vivir, se acababa...
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