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Contemplador nocturno de poemas
La mañana discurría serena sin recordar los sinsabores de la noche anterior, los calores del verano o los ruidosos niños de los vecinos. Todo era especialmente silencioso, todo especialmente calmado, más incluso, anestesiado. La taza de café frente a él durante veinte minutos, ya fría.
-Hola a mi vida.
Ni siquiera un eco por respuesta. El mismo monótono y aturdidor, complaciente silencio. Los oídos doloridos de tanto ruido en tanto silencio. Esa sensación de lengua pegajosa y la cabeza inquieta, agitada. Preguntas transcendentales, triviales, preguntas pasatiempo, preguntas de cualquier tipo para no pensar que la noche anterior ella se había marchado para no volver.
-Hola a mi vida.
Ni siquiera un eco por respuesta. El mismo monótono y aturdidor, complaciente silencio. Los oídos doloridos de tanto ruido en tanto silencio. Esa sensación de lengua pegajosa y la cabeza inquieta, agitada. Preguntas transcendentales, triviales, preguntas pasatiempo, preguntas de cualquier tipo para no pensar que la noche anterior ella se había marchado para no volver.