virginiab
Poeta recién llegado
Como olvidar aquella noche negra, la de las batallas perdidas
Como olvidar el adiós precipitado en esa madrugada oscura,
El viento arremolinado en mi cabeza, andando por laberintos mudos
Batalla de sordera e incomprensiones, de ausencias y letanías
De cuerpos heridos cuyo único botín de guerra son dos corazones solos
Y en el fondo de la ceniza de los tiempos, convertidos en glorias de la memoria
tus ojos que están vivos acompañan mi final desnudo,
que arrastro al precipicio de mis fuerzas, arrojando al límite de los seres
un último deseo: guerrero del destino si pudieras no desterrarnos aún
del cielo aquel pleno de ingratitudes, pero nuestro
y cubrirnos del manto del olvido que atesora la diplomacia y el decoro
Si pudieras, en el campo minado de tus cavilaciones tantas
Verter entre medallas y condecoraciones la piedad y el perdón
Sé que esta batalla, aunque perdida, hubiera sido nuestra.
Como olvidar el adiós precipitado en esa madrugada oscura,
El viento arremolinado en mi cabeza, andando por laberintos mudos
Batalla de sordera e incomprensiones, de ausencias y letanías
De cuerpos heridos cuyo único botín de guerra son dos corazones solos
Y en el fondo de la ceniza de los tiempos, convertidos en glorias de la memoria
tus ojos que están vivos acompañan mi final desnudo,
que arrastro al precipicio de mis fuerzas, arrojando al límite de los seres
un último deseo: guerrero del destino si pudieras no desterrarnos aún
del cielo aquel pleno de ingratitudes, pero nuestro
y cubrirnos del manto del olvido que atesora la diplomacia y el decoro
Si pudieras, en el campo minado de tus cavilaciones tantas
Verter entre medallas y condecoraciones la piedad y el perdón
Sé que esta batalla, aunque perdida, hubiera sido nuestra.
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