[center:1634a239b2]Aún recuerdo claramente
La gris noche en la que Elizabeth murió
Como un blanco copo de nieve
En una helada tumba de escarcha expiró.
Era entonces el crudo invierno
Paseaba hermosa entre árboles de cristal
Cuando calló a una poza helada
Y compuso las notas de su funeral.
En mitad de la fría nieve
Un cuerpo marmóreo desprende su luz
Con ambos ojos abiertos
Y sus delicados brazos yaciendo en cruz.
Envuelta en seda vaporosa
Como pétalos de una flor congelada
Entreviendo un ángel desnudo
De pálida piel y tez anacarada.
La luna asoma entre las ramas
De lástima llora sangre a borbotones
Colorea la nieve de rojo
Las estrellas arrancan sus corazones.
Con brillantes escamas de hielo
Se teje sobre ella un fino hilo de plata
Un gélido fulgor que besa
Sus bellos y muertos labios escarlata.
Su cama de agua se convierte
En un tálamo de asfódelos podridos
Con profundas negras raíces
Y nebulosos pétalos descosidos.
Una ráfaga de poniente
Sus inmaculados verdes ojos cierra
Los astros más resplandecientes
Duermen una eternidad sobre la tierra.
Emergiendo de entre las sombras
Al lado de Elizabeth un cuervo albino
Toma uno de sus rizos rubios
Y lo tira volando sobre el camino.
Como una vena del sol
Cayó sobre las lágrimas de un serafín
Y hundió sus doradas raíces
Tan profundo que desapareció la crin.
Transcurridos unos segundos
De aquel mismo lugar una flor germinó
Una tierna rosa blanca
Donde la esencia de Elizabeth anidó.
Elizabeth no puede morir
Aunque la Muerte se lleve al alma mortal
No acaba la belleza misma
Pues ésta es perfecta, ésta es inmaterial.
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La gris noche en la que Elizabeth murió
Como un blanco copo de nieve
En una helada tumba de escarcha expiró.
Era entonces el crudo invierno
Paseaba hermosa entre árboles de cristal
Cuando calló a una poza helada
Y compuso las notas de su funeral.
En mitad de la fría nieve
Un cuerpo marmóreo desprende su luz
Con ambos ojos abiertos
Y sus delicados brazos yaciendo en cruz.
Envuelta en seda vaporosa
Como pétalos de una flor congelada
Entreviendo un ángel desnudo
De pálida piel y tez anacarada.
La luna asoma entre las ramas
De lástima llora sangre a borbotones
Colorea la nieve de rojo
Las estrellas arrancan sus corazones.
Con brillantes escamas de hielo
Se teje sobre ella un fino hilo de plata
Un gélido fulgor que besa
Sus bellos y muertos labios escarlata.
Su cama de agua se convierte
En un tálamo de asfódelos podridos
Con profundas negras raíces
Y nebulosos pétalos descosidos.
Una ráfaga de poniente
Sus inmaculados verdes ojos cierra
Los astros más resplandecientes
Duermen una eternidad sobre la tierra.
Emergiendo de entre las sombras
Al lado de Elizabeth un cuervo albino
Toma uno de sus rizos rubios
Y lo tira volando sobre el camino.
Como una vena del sol
Cayó sobre las lágrimas de un serafín
Y hundió sus doradas raíces
Tan profundo que desapareció la crin.
Transcurridos unos segundos
De aquel mismo lugar una flor germinó
Una tierna rosa blanca
Donde la esencia de Elizabeth anidó.
Elizabeth no puede morir
Aunque la Muerte se lleve al alma mortal
No acaba la belleza misma
Pues ésta es perfecta, ésta es inmaterial.