Edgar Márquez
Poeta recién llegado
Querida Samara:
Te escribo débil y moribundo
porque estoy muriendo por segunda vez
morí al perder tu amor profundo
morí porque mi otra mitad se fue
Te he dejado ir
pues el viento no me favorece a retenerte
te he dejado ir
porque mis labios no son la miel de donde bebes
Me he arrancado con la pasión entre mis manos
he renunciado a lo que el corazón fue necio
no soy más que el polvo de un rastro calcinado
de aquello que pudo ser y no tener precio
Porque renunciar es la fatiga del intento
no es la huella del fracaso
así que mi dulce mujer, lo lamento
no pude acompañarte hasta el ocaso
Es momento de decirnos adiós
es momento de clavar el último recuerdo
te he dejado ir sin mi amor
te he dejado con la huella del misterio
No lo entenderás hoy y nunca
no lo entenderás de verdad
el odio de la noche contaminó mi escritura
pero no el amor que se mantiene real,
Samara,
Bella dama del día
tu gobernarás el claro perpetuar del sol
con sus nubes y aires de vida
mientras la noche y sus estrellas serán mi expresión
Las flores nacerán contigo
con las aves en el cantar de su alusión
y los grillos cantarán conmigo
recitando la hermosa muestra de tu aparición
Samara nunca olvides que te amo
en tu gélida imagen trabada en mi mente
será la última esencia que lleve resbalando
de la última mujer de mi mundo concluyente
No es en la culpa donde quiero verte abatida
ni en la tristeza interminable de atacados reproches
solo recuerda que alguna vez fui parte de tu vida
tan importante como la luna al caer de la noche
Samara
Serán las estrellas mis ojos para ti
contemplando tu belleza terrenal
no serás tu quien las veas con deseo de subir
sin que te fusiones con ellas al mirar
Samara, hermosa Samara
soy el silencio del día para siempre
ya no soy un huésped del mundo y de mi alma
solo he dejado mi amor tan puro que no muere
Esta es mi noche enemiga
el ayer pidiéndome volver
el ayer que calmaba mis heridas
yque en su final no temeré
Esta es mi última carta
con las letras desviadas al desquicio
pero siempre serás tú mi querida Samara
quien hizo sentirme cada día vivo
Fuiste el deslumbre de mi vida
la sentencia a mi corazón enamorado
retumbaste las montañas y los mares
cuando te conocí aquel día de Mayo
Atte.: James B.
(proximamente tercera parte)
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