tecafeyletras
Poeta recién llegado
La noche vino a buscarnos
con los bolsillos llenos de silencio.
Traía una lámpara pequeña
para que el mundo no encontrara
el camino hasta nosotros.
Entonces aprendimos
que hay abrazos
capaces de desobedecer a los relojes,
y besos que hacen olvidar
el oficio antiguo de la despedida.
La luna, curiosa,
se quedó asomada a la ventana
como quien descubre
que dos cuerpos también pueden ser país.
Y nosotros,
que nunca tuvimos más riqueza
que el temblor de nuestras manos,
gastamos la madrugada;
como si el amanecer
fuera una mentira inventada por la distancia.
Desde aquella noche,
cuando el tiempo pregunta por mí,
le respondo con tu nombre.
Porque hay noches que terminan.
Y hay otras
que deciden quedarse
viviendo para siempre
por debajo de la piel.
con los bolsillos llenos de silencio.
Traía una lámpara pequeña
para que el mundo no encontrara
el camino hasta nosotros.
Entonces aprendimos
que hay abrazos
capaces de desobedecer a los relojes,
y besos que hacen olvidar
el oficio antiguo de la despedida.
La luna, curiosa,
se quedó asomada a la ventana
como quien descubre
que dos cuerpos también pueden ser país.
Y nosotros,
que nunca tuvimos más riqueza
que el temblor de nuestras manos,
gastamos la madrugada;
como si el amanecer
fuera una mentira inventada por la distancia.
Desde aquella noche,
cuando el tiempo pregunta por mí,
le respondo con tu nombre.
Porque hay noches que terminan.
Y hay otras
que deciden quedarse
viviendo para siempre
por debajo de la piel.