BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Trituro los viejos ayeres
desvinculo profecías inusuales
oráculos tan fastuosos cuyo origen
siempre desconocía, filtro los mensajes
de mi propia mente adolescente.
La longitud de la hierba será en adelante
mi preocupación: sonoras igualdades
precipitarán mi vacío.
Le devolveré el nombre, a la poesía sacrificada;
omitiré su belleza barroca, suprimiré su pasión
exacerbada. Amaré un rostro desconocido.
Otearé horizontes con tal de que a mi lado duerma.
Su dispersión redonda, su ambivalencia extrema.
Le procuraré la tiniebla del césped invadido,
su muchedumbre alucinada por el vértigo dilapidado.
Trituraré los viejos rencores, donde la llama prende
sobre un vellocino de oro. No es preciso llorar,
la tarde pasa tranquila entre acebos y huéspedes.
Sus estrictos anatemas ya quedaron lanzados,
mis muslos convergen sin nombre hacia el dardo
de su humanidad. Oh, viejas glorias del universo,
oh, maléficas hipocondrías del estatus social divino.
En qué oscilación de su hueso, tal vez aborrecible,
bajo la oscuridad -que ya echas de menos-
de un túnel mil veces atravesado, se esconderán
los besos de la noche?©
desvinculo profecías inusuales
oráculos tan fastuosos cuyo origen
siempre desconocía, filtro los mensajes
de mi propia mente adolescente.
La longitud de la hierba será en adelante
mi preocupación: sonoras igualdades
precipitarán mi vacío.
Le devolveré el nombre, a la poesía sacrificada;
omitiré su belleza barroca, suprimiré su pasión
exacerbada. Amaré un rostro desconocido.
Otearé horizontes con tal de que a mi lado duerma.
Su dispersión redonda, su ambivalencia extrema.
Le procuraré la tiniebla del césped invadido,
su muchedumbre alucinada por el vértigo dilapidado.
Trituraré los viejos rencores, donde la llama prende
sobre un vellocino de oro. No es preciso llorar,
la tarde pasa tranquila entre acebos y huéspedes.
Sus estrictos anatemas ya quedaron lanzados,
mis muslos convergen sin nombre hacia el dardo
de su humanidad. Oh, viejas glorias del universo,
oh, maléficas hipocondrías del estatus social divino.
En qué oscilación de su hueso, tal vez aborrecible,
bajo la oscuridad -que ya echas de menos-
de un túnel mil veces atravesado, se esconderán
los besos de la noche?©