Rigel Amenofis
Poeta que considera el portal su segunda casa
I
Nada amo más que cuando llegan las sombras
disfrutar el hechizo de poemas sibilinos,
augurando lo sublime de este sentimiento
que se eleva por encima de la misma noche.
II
La noche dispersa un océano sin mareas
y es hierofanía en la leyenda, lo perenne y la poesía.
La noche va hilando evocaciones y arquetipos
con una rueca que solo urde en el sentimiento.
La noche va trenzando recovecos y recuerdos
con el mismo gusto que teje almas y estrellas.
Amo la noche, porque siempre llega sola,
con su paso leve de fantasías inconclusas.
Amo la noche, pues en su lienzo de ébano
me permite dibujar tus labios con mis besos.
Amo la noche, porque sus astros brillan
con el mismo misterio que tus pupilas.
Y la frase te amo es una luminiscencia
que enciende las lilas y los pájaros.
¡Oh, yo amo esa sacerdotisa órfica que en el bosque
nos muestra su vestido de gala con lentejuelas cuánticas!
III
Amo la noche, porque su pedernal
me recuerda tu pelo de obsidiana,
donde deposité tantos suspiros
cuando mis brazos te oprimieron
deseando fusionarte con mis cielos.
Amo la noche revestida de paraísos perdidos,
colmada de instantes con el tono de tu canto
arrullando los nidos de mi pecho.
Amo la noche, porque en sus tinieblas
a veces parecen extraviarse mis penas,
como el centinela eterno de la vida y el sueño
se ha extraviado en los poemas y los cuentos.
Amo la noche, pues su soledad y quietud
es umbral hacia la inmensidad espiritual
que se dilata, afín a este amor por ti,
hasta los insondables confines del tiempo.
Copyright © Derechos reservados ®
8 Julio 2010.
Nada amo más que cuando llegan las sombras
disfrutar el hechizo de poemas sibilinos,
augurando lo sublime de este sentimiento
que se eleva por encima de la misma noche.
II
La noche dispersa un océano sin mareas
y es hierofanía en la leyenda, lo perenne y la poesía.
La noche va hilando evocaciones y arquetipos
con una rueca que solo urde en el sentimiento.
La noche va trenzando recovecos y recuerdos
con el mismo gusto que teje almas y estrellas.
Amo la noche, porque siempre llega sola,
con su paso leve de fantasías inconclusas.
Amo la noche, pues en su lienzo de ébano
me permite dibujar tus labios con mis besos.
Amo la noche, porque sus astros brillan
con el mismo misterio que tus pupilas.
Y la frase te amo es una luminiscencia
que enciende las lilas y los pájaros.
¡Oh, yo amo esa sacerdotisa órfica que en el bosque
nos muestra su vestido de gala con lentejuelas cuánticas!
III
Amo la noche, porque su pedernal
me recuerda tu pelo de obsidiana,
donde deposité tantos suspiros
cuando mis brazos te oprimieron
deseando fusionarte con mis cielos.
Amo la noche revestida de paraísos perdidos,
colmada de instantes con el tono de tu canto
arrullando los nidos de mi pecho.
Amo la noche, porque en sus tinieblas
a veces parecen extraviarse mis penas,
como el centinela eterno de la vida y el sueño
se ha extraviado en los poemas y los cuentos.
Amo la noche, pues su soledad y quietud
es umbral hacia la inmensidad espiritual
que se dilata, afín a este amor por ti,
hasta los insondables confines del tiempo.
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8 Julio 2010.
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