Almendra_135
Poeta recién llegado
Emmanuel trabajaba en la columna de su periódico
Ante su realidad debía ser imparcial o severamente critico
La adversidad de su cansancio agotaba todas sus ideas
Confundidas en el descenso de sus mentales mareas
Dejo todo y decidió dar un paseo rumbo a su apartamento
Las espectaculares luces de la ciudad atrajeron su pensamiento
Se relajaba con el melancólico saxofón en el boulevard
Hasta perderse en las últimas gotas de las botellas del bar
En medio de la línea blanca del semáforo estaba ella
Una mujer de largos cabellos e increíblemente bella
Cual Marilyn Monroe cuando el aire deslizaba su falda
Sus largas piernas hacían girar todas las miradas
Al final de su mirada se reflejaba el rayo de luna
Distinguida y risueña como el cisne en la laguna
Tu amante, ladrona y princesa en tu aventura secreta
Cuyas calles y avenidas eran su gran pasarela
Sus manos percibían en la seda el deleite de la suavidad
Junto al claroscuro de la recamara para poder fantasear
Llego a perder la noción del tiempo y de su mismo cansancio
Cuando ella pasó su cabello por su pecho, su ombligo y más abajo
Sus labios de terciopelo te sujetaban apasionadamente
Mientras rozaba suavemente tu sitio más candente
Te erizabas de tan solo sentir su frágil y flexible cuerpo
Las sensaciones se agitaban con el soplo de su tibio aliento
La dureza y la redondez de esos senos en un mágico ser
Que entraba en tu interior como una órbita del placer
Cuando sus voces se estremecieron su palpitar al unísono
Concluye tu fantasía al estruendoso timbre del teléfono
Emmanuel despierta en solitario y finalmente abatido
Dándose cuenta del vino que había derramado en su piso
El tan solo fue una pieza de su mortal seducción
Embriagada e inspirada por su propia imaginación
Ha conquistado a lo largo de los siglos a los hombres
Con ese sabor a gloria de su enigmático nombre:
La noche