La noria

eledendo

Poeta asiduo al portal

... en los alcabuces llegaba el agua

y hasta el cielo iba la luz;

su oro hería los ojos, el aire, los metales,

penetraba la tierra o corría cual muerte viva dándose,

ardiendo, exterminándose y haciéndose mortal;

… tal era entonces en llamarada la huerta,

el dédalo, la cintura del mundo,

la deidad del alma y templo recibido:

el amor;

.. porque allí, en su mística circunscripción se oía al sol bajar, beber,

erigirse en Cristo

y morir;

… y nadie, nadie enturbiaba el milagro, nadie, nunca;

“tac, tac, tac, aquel traqueteo de los cangilones contra el tambor de hierro,

aún, con todo su vigor, por el mar del corazón golpea contra el ser, sueña y vive”.






 

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