guerrero verde
Poeta veterano en el portal.
Las calles del pueblo están vacías
y yo también me ausento en eterno paseos
donde medito y recuerdo que soy presa del tiempo.
Bajo las gradas donde te besé por primera vez,
donde cayó la primera gota de sangre,
donde callamos e hicimos de un sentimiento
una quimera de nombre amor y de apellido irrealizable.
Los imposibles de esta vida, los posibles,
todos ellos dejaron de tener una razón
cuando te salieron alas y a mi lágrimas.
Siete pasos a la izquierda, tres de frente,
cinco a la derecha.
Siete fue el día que naciste sobre la tierra,
tres, la trinidad carente y de rezos por ti silentes,
cinco son las puntas de una estrella que te hicieron prisionera.
Siempre pensé que en esta vida de historietas
yo iba a ser el héroe y tu la princesa.
Que errado fui, que errado nací, que errante sin ti estoy.
Fuiste tú el capricho de los dioses
y la ofrenda de los hombres para su propio yo.
Ahora todo terminó para ellos,
toda su sangre anda suelta por las veredas,
toda mi rabia traza su camino bello.
Todo tu dolor lo vivieron ellos
mientras perforaba mis dientes sobre sus cuellos y sueños.
He matado, siempre lo hice.
Primero por un instinto,
luego por el placer que siente mi estirpe
y ahora soy más peligroso que hace siglos,
porque asesino con un motivo.
No te dieron lápida ni cruz.
Cavé con mi manos bajo la lluvia tu sepulcro,
me recosté contigo en el fondo esperando la muerte,
escuchando golpear las gotas sobre mi pecho
y el eco donde antes latía un corazón.
Errante, sin rezos, sin más hogar que tu recuerdo.
Vacío por dentro, con furia y odio nada cuerdo.
Lleno de nostalgia de ver a los novios besarse en su credo.
Con ganas de morir para por fin en ti vivir.
y yo también me ausento en eterno paseos
donde medito y recuerdo que soy presa del tiempo.
Bajo las gradas donde te besé por primera vez,
donde cayó la primera gota de sangre,
donde callamos e hicimos de un sentimiento
una quimera de nombre amor y de apellido irrealizable.
Los imposibles de esta vida, los posibles,
todos ellos dejaron de tener una razón
cuando te salieron alas y a mi lágrimas.
Siete pasos a la izquierda, tres de frente,
cinco a la derecha.
Siete fue el día que naciste sobre la tierra,
tres, la trinidad carente y de rezos por ti silentes,
cinco son las puntas de una estrella que te hicieron prisionera.
Siempre pensé que en esta vida de historietas
yo iba a ser el héroe y tu la princesa.
Que errado fui, que errado nací, que errante sin ti estoy.
Fuiste tú el capricho de los dioses
y la ofrenda de los hombres para su propio yo.
Ahora todo terminó para ellos,
toda su sangre anda suelta por las veredas,
toda mi rabia traza su camino bello.
Todo tu dolor lo vivieron ellos
mientras perforaba mis dientes sobre sus cuellos y sueños.
He matado, siempre lo hice.
Primero por un instinto,
luego por el placer que siente mi estirpe
y ahora soy más peligroso que hace siglos,
porque asesino con un motivo.
No te dieron lápida ni cruz.
Cavé con mi manos bajo la lluvia tu sepulcro,
me recosté contigo en el fondo esperando la muerte,
escuchando golpear las gotas sobre mi pecho
y el eco donde antes latía un corazón.
Errante, sin rezos, sin más hogar que tu recuerdo.
Vacío por dentro, con furia y odio nada cuerdo.
Lleno de nostalgia de ver a los novios besarse en su credo.
Con ganas de morir para por fin en ti vivir.