Hace ya tiempo que veo a un extraño hombre pasar ante mi ventana. Es uno de los de verdad; elegante, duro, de los que embriagan con su aroma y no dudan en lanzar un puñetazo si la causa es justa.
Cada día viaja al hospital, visita a alguien, debe ser muy importante para él. Es extraño, hoy ha pasado todo el día metido en el bar; ausente, tranquilo. Desconozco cuando lo abandonará…
Aquella noche el hombre salió cabizbajo, ebrio, como si la vida no fuese con él. Su varonil rostro lucía distinto.
Siguió entonces con ritmo lento y pesado. Cada paso hacia su casa asfixiaba más y más al pobre infeliz, casi tanto como la soga que ahora lo mantenía pendiendo de una viga de madera, por suerte, tan frágil como su moral.
Cada día viaja al hospital, visita a alguien, debe ser muy importante para él. Es extraño, hoy ha pasado todo el día metido en el bar; ausente, tranquilo. Desconozco cuando lo abandonará…
Aquella noche el hombre salió cabizbajo, ebrio, como si la vida no fuese con él. Su varonil rostro lucía distinto.
Siguió entonces con ritmo lento y pesado. Cada paso hacia su casa asfixiaba más y más al pobre infeliz, casi tanto como la soga que ahora lo mantenía pendiendo de una viga de madera, por suerte, tan frágil como su moral.