Mauricio Del Piano
Poeta recién llegado
La palabra se hizo hembra y letra.
Vio la luz y fue
omega hasta el final de los tiempos
La letra parió a la palabra y
tras ella: Tú, engendrando cada verso en tu vientre,
gestando la raíz de cada matiz, sutil
como si atisbaras la eternidad de tu preñez.
Eres la palabra hecha. Letra enquistada.
Desde ti, manantial del molino del viento,
mis espejos no cesan de repetirse
y cien y mil sueños, esperando detenerse
mas no pueden escapar de entre las fisuras de mi alma,
pues perecieron ahí, tal vez un poco orates quizás
Fueron las nubes, diciendo adiós y
cada una de sus alborotadas gotas
quienes me cuchichearon los pecados del invierno;
ése que me hace a la nostalgia:
sequedades y tristeza de quien
es capaz de florecer en el desierto.
¡Ay, melancolía de esas palabras hechas a la letra!
¡Ay, nostalgias de estas letras hechas en cada palabra!
Vete. Anda. Sal de mi vista.
Ya no te deseo desde las esquinas
eres palabra hecha y letra enquistada:
hojas que descienden y vagan embriagadas
y ebrias ante el atalaya del otoño.
Yo te recojo previa a tu caída
para morir y parir en la tierra
las cojo y acaricio grácil para fundirlas
en el papel estelar socavado por
tanta letra y tanta palabra,
ésas que se hicieron hembras.
Vio la luz y fue
omega hasta el final de los tiempos
La letra parió a la palabra y
tras ella: Tú, engendrando cada verso en tu vientre,
gestando la raíz de cada matiz, sutil
como si atisbaras la eternidad de tu preñez.
Eres la palabra hecha. Letra enquistada.
Desde ti, manantial del molino del viento,
mis espejos no cesan de repetirse
y cien y mil sueños, esperando detenerse
mas no pueden escapar de entre las fisuras de mi alma,
pues perecieron ahí, tal vez un poco orates quizás
Fueron las nubes, diciendo adiós y
cada una de sus alborotadas gotas
quienes me cuchichearon los pecados del invierno;
ése que me hace a la nostalgia:
sequedades y tristeza de quien
es capaz de florecer en el desierto.
¡Ay, melancolía de esas palabras hechas a la letra!
¡Ay, nostalgias de estas letras hechas en cada palabra!
Vete. Anda. Sal de mi vista.
Ya no te deseo desde las esquinas
eres palabra hecha y letra enquistada:
hojas que descienden y vagan embriagadas
y ebrias ante el atalaya del otoño.
Yo te recojo previa a tu caída
para morir y parir en la tierra
las cojo y acaricio grácil para fundirlas
en el papel estelar socavado por
tanta letra y tanta palabra,
ésas que se hicieron hembras.