José Segundo Cefal
Poeta que considera el portal su segunda casa
El lecho que te acuna.
La dueña de tus primeros días.
Infancia amorosa rebosante
de las primeras palabras
vacías.
Interiores.
Lenguas bajo el suelo.
Incienso.
El humo de las palabras vacías,
de los ojos muertos que miran
y buscan entre otros ojos ciegos.
Estaciones,
primaveras.
Redención.
Barrio de tumbas
Literalmente
las palabras vacías flotan en el suero.
En el reducto de esas últimas gotas.
Sólo un libro desmembrado.
Inestable.
Qué me traces hermosa
Ruega al pintor la palabra
escapando de voces baldías.
Pintor, que la pinta vacía,
dueño malquerido,
es inmensa la herida del vacío en la palabra.
Oída.
Sentida.
Palabra vestida,
Decorosa,
prudente y vigente,
se coloca en su sitio
en su orden perfecto.
Tímida la palabra
desdicha la que brilla en el futuro vacío.
Los libros que te guardan
delatan tu extensa tristeza.
Las cubiertas te besan,
te seducen con todos los abrazos vacíos.
Sin motivo, los mismos ojos que lloraban
por la palabra vacía
reventarán el mármol un día
y a la palabra la disfrazaran de damisela consentida.
Le hablarán de los sueños de otras palabras.
Resucitará por unos instante
La vida. La nada.
Morirá de angustia la palabra.
Ni el instante más pequeño
que el tiempo ofrece a la palabra
se detiene.
La palabra ha sido rosa efímera
antes de volver a ser vacía.
La dueña de tus primeros días.
Infancia amorosa rebosante
de las primeras palabras
vacías.
Interiores.
Lenguas bajo el suelo.
Incienso.
El humo de las palabras vacías,
de los ojos muertos que miran
y buscan entre otros ojos ciegos.
Estaciones,
primaveras.
Redención.
Barrio de tumbas
Literalmente
las palabras vacías flotan en el suero.
En el reducto de esas últimas gotas.
Sólo un libro desmembrado.
Inestable.
Qué me traces hermosa
Ruega al pintor la palabra
escapando de voces baldías.
Pintor, que la pinta vacía,
dueño malquerido,
es inmensa la herida del vacío en la palabra.
Oída.
Sentida.
Palabra vestida,
Decorosa,
prudente y vigente,
se coloca en su sitio
en su orden perfecto.
Tímida la palabra
desdicha la que brilla en el futuro vacío.
Los libros que te guardan
delatan tu extensa tristeza.
Las cubiertas te besan,
te seducen con todos los abrazos vacíos.
Sin motivo, los mismos ojos que lloraban
por la palabra vacía
reventarán el mármol un día
y a la palabra la disfrazaran de damisela consentida.
Le hablarán de los sueños de otras palabras.
Resucitará por unos instante
La vida. La nada.
Morirá de angustia la palabra.
Ni el instante más pequeño
que el tiempo ofrece a la palabra
se detiene.
La palabra ha sido rosa efímera
antes de volver a ser vacía.
::