La palabra enaltece y bendice
endulza las horas y exilia el miedo
pone notas en el pentagrama de nuestros sueños
y llena de hogaza las manos con verdades
susurra amor
o lo emigra a los cuatro vientos.
La palabra es un fusil etéreo
que hiere con odio, al hermano
cuando hay rencores
sepulta entre lodo, la dignidad y la gracia
restando vida, bajo lluvia de lágrimas
que no lavarán las letras de la infamia.
La palabra reza
la palabra abraza
se torna beso en la pupila que ama
la palabra ofende
denigra de las almas
si se sueltan los hilos
del respeto y no calla.
Vea pues don Francisco
otra vez en sus dominios.
Cordial saludo.