luci2
Poeta adicto al portal
Juan Manuel era un niño alegre y vivaz, pero no vocalizaba bien. Lo aquejaba un trastorno de la voz.
Su logopeda había logrado buenos resultados en poco tiempo, pero el ambiente familiar no le era propicio, debiendo soportar la presión de quienes se sentían avergonzados e indignados por considerar que un niño tan feliz, extrovertido e inteligente, debiera poner mayor empeño para comunicarse correctamente.
Abuela, tíos y primos, sea por ignorancia y acaso por indolencia, asociaban su problema a un capricho más que a un trastorno.
La situación alcanzó el límite cuando la abuela, insensible y brusca, lo colocó frente a sí y mirándolo severamente le dijo:
—Eres igualito a tu madre. Menos mal que murió para no oírte. ¡Habla bien de una puta vez!
El niño, para asombro de la abuela, la miró, sonrió y besándole las manos pronunció una sola palabra, con suma claridad y perfecta dicción:
—Logopeda.
Su logopeda había logrado buenos resultados en poco tiempo, pero el ambiente familiar no le era propicio, debiendo soportar la presión de quienes se sentían avergonzados e indignados por considerar que un niño tan feliz, extrovertido e inteligente, debiera poner mayor empeño para comunicarse correctamente.
Abuela, tíos y primos, sea por ignorancia y acaso por indolencia, asociaban su problema a un capricho más que a un trastorno.
La situación alcanzó el límite cuando la abuela, insensible y brusca, lo colocó frente a sí y mirándolo severamente le dijo:
—Eres igualito a tu madre. Menos mal que murió para no oírte. ¡Habla bien de una puta vez!
El niño, para asombro de la abuela, la miró, sonrió y besándole las manos pronunció una sola palabra, con suma claridad y perfecta dicción:
—Logopeda.
Última edición: