F. CABALLERO SÁNCHEZ
Poeta recién llegado
La paloma
Fábula
En el centro del jardín
tengo una fuente que canta
con un niño pensativo
con una concha muy blanca…
de la que brota incesante
la gloria de mi fontana
que es el caudal permanente
que un artilugio traslada
desde la fuente a la mano
y la mano… la derrama.
Un día vi detenerse
en el borde de su taza
una paloma sedienta
atraída por el agua.
Convencida que era inútil
saciar la sed que llevaba
bien porque el borde era alto
y estaba el agua muy baja
o porque vio que en la mano
del niño que la miraba,
sonriente y distraído,
el agua pura brotaba…
igual que corre en la acequia
el agua fresquita y clara,
dando un salto sobre el niño,
(hecho de piedra callada)
y creyendo que era fuente
donde nace viva el agua…
picoteó en la corriente
dispuesta a dejar saciada
su sed con agua fresquita…
¡aunque era un agua estancada!.
Y al instante sacudió
su cabecita nimbada
al apreciar que no era
el agua pura y sin mácula
como la del manantial
donde bebió de mañana.
Moraleja
La paloma, como el hombre,
si se confía en la “facha”
siempre se equivocará:
porque todos se disfrazan
aparentando inocencia
de corderitos que balan.
Y hasta te darán cicuta
¡si tiene apariencia de agua!
Y la razón de la vida
no muestra “apariencia” falsa:
siempre se muestra sencilla
porque está dentro… ¡del alma!
Fábula
En el centro del jardín
tengo una fuente que canta
con un niño pensativo
con una concha muy blanca…
de la que brota incesante
la gloria de mi fontana
que es el caudal permanente
que un artilugio traslada
desde la fuente a la mano
y la mano… la derrama.
Un día vi detenerse
en el borde de su taza
una paloma sedienta
atraída por el agua.
Convencida que era inútil
saciar la sed que llevaba
bien porque el borde era alto
y estaba el agua muy baja
o porque vio que en la mano
del niño que la miraba,
sonriente y distraído,
el agua pura brotaba…
igual que corre en la acequia
el agua fresquita y clara,
dando un salto sobre el niño,
(hecho de piedra callada)
y creyendo que era fuente
donde nace viva el agua…
picoteó en la corriente
dispuesta a dejar saciada
su sed con agua fresquita…
¡aunque era un agua estancada!.
Y al instante sacudió
su cabecita nimbada
al apreciar que no era
el agua pura y sin mácula
como la del manantial
donde bebió de mañana.
Moraleja
La paloma, como el hombre,
si se confía en la “facha”
siempre se equivocará:
porque todos se disfrazan
aparentando inocencia
de corderitos que balan.
Y hasta te darán cicuta
¡si tiene apariencia de agua!
Y la razón de la vida
no muestra “apariencia” falsa:
siempre se muestra sencilla
porque está dentro… ¡del alma!
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