Elik0575
Poeta que considera el portal su segunda casa
Por el pasillo solitario
se oía solo el silencio de la penumbrosa caminata de la figura blanca
que vagaba con propósito
por el corredor de luz blanca.
A pocos metros de mi habitación
se sentía fuertemente su presencia
y la nada de la brisa helada
era su retemblante visaje.
Más en sus manos frías
estaba el punzante instrumento
para acabar con el mundo y sus agonías.
Sí,
venía hacia mí la figura espectral
para cumplir su sentenciado cometido.
Por la luz que entraba debajo de la puerta
se veía claramente la sombra
que daba vueltas con egoísmo la perilla.
Hasta que por fin entró
y todo se iluminó.
Su enorme herramienta se ensañaría con mi honor.
Grité y grité con todas mis fuerzas.
Un grito de miedo presagiaba mi dolor.
Quise huir pero de nada sirvió.
Fue entonces cuando con voz pálida me dijo:
dese la vuelta para colocarle la inyección,
pues era la enfermera que me atendía
y mi nalguita muy duro me chuzó.
se oía solo el silencio de la penumbrosa caminata de la figura blanca
que vagaba con propósito
por el corredor de luz blanca.
A pocos metros de mi habitación
se sentía fuertemente su presencia
y la nada de la brisa helada
era su retemblante visaje.
Más en sus manos frías
estaba el punzante instrumento
para acabar con el mundo y sus agonías.
Sí,
venía hacia mí la figura espectral
para cumplir su sentenciado cometido.
Por la luz que entraba debajo de la puerta
se veía claramente la sombra
que daba vueltas con egoísmo la perilla.
Hasta que por fin entró
y todo se iluminó.
Su enorme herramienta se ensañaría con mi honor.
Grité y grité con todas mis fuerzas.
Un grito de miedo presagiaba mi dolor.
Quise huir pero de nada sirvió.
Fue entonces cuando con voz pálida me dijo:
dese la vuelta para colocarle la inyección,
pues era la enfermera que me atendía
y mi nalguita muy duro me chuzó.