No estoy de acuerdo con la aplicación de la pena de muerte, en cualquier delito que se cometa.
El estar de acuerdo me parece una forma recíproca y fácil de solucionar las cosas, ya que el hecho de darle muerte a un criminal, no tendría un sabor a triunfo y/o justicia, pues, al muy maldito le dan su última cena bien preparada y calientita, le rezan (si así lo quiere), luego lo matan, lo cual equivale a darle descanso para siempre (o eternamente), esto a cambio de un crimen que cometió, más parece que la pena de muerte vendría a ser como un premio en vez de un castigo para este individuo (y aseguro que: Quienes estarían siendo realmente castigados serían sus allegados), por mi parte preferiría la tortura que implicaría para esa persona, el hecho de estar presa (y en trabajos forzosos) de por vida, despertando cada día sin tener potestad sobre su vida, recordando a cada momento el ¿por qué de su sufrir?.
¿Qué pasaría con los que no pudiesen realizar trabajos forzosos y obligatorios?
Imagínense a un Fidel Castro encerrado y totalmente aislado, al punto que ni siquiera sus carcelarios le pudieran dirigir la palabra, sumiéndose en su vejez con las enfermedades que la misma conlleva, sin poder ver ni saber de su familia, sin medios de comunicación, sin sus libros, ni sus famosos “puros” que tanto disfrutaba. En cambio, ahora está ¡bien muerto!, sin sufrir por algo y lo peor, los que si continúan sufriendo son sus familiares y los de sus víctimas.
¿Qué puede causar más sufrir?
La muerte (que finalmente todos sabemos algún día nos llegará), o la tortura psicológica de saber que eres odiado por la sociedad, a tal punto de aislarte para no saber de tu existir, y dejar de ser un individuo para formar parte de un lugar y grupo que pasarán a ser los dueños de tu triste vivir, que te darán órdenes continuamente, y cabe mencionar el sufrir tus enfermedades en completa amargura y soledad, hasta que, finalmente llegue el día de tu ansiada muerte.