La peregrinación de la Mariposa

Nada Vratovic

Poeta recién llegado
Había seguido las baldosas amarillas de Dante hasta el final. Y ahora se preguntaba si el descenso había merecido la pena o si no habría sido peor la metamorfosis de su resurrección. Había hilado su crisálida junto a los ríos de almas creyéndolos aguas mansas, pero la podredumbre de éstos había calado en la mariposa a medio moldear y la hizo deforme: unas alas retorcidas que emanaban peste a muerte con cada aleteo, ojos raquíticos y la voz tejida de condenados.

Ellos se bañaban en esos ríos, entre ojos derretidos y lamentos que parecían huir de sus cuerpos. Erróneamente supuso que los repelían con algún tipo de fuerza, pero más tarde, cuando ya la mutación era irreversible, se dio cuenta de que las maldiciones del Infierno no les rozaban porque ya estaban rebosantes de maldiciones. Sus pieles no permitían la entrada de más.

La mariposa los había intentado proteger ingenuamente con sus alas incluso cuando éstas quedaron agujereadas, contrahechas y dolían todo el tiempo. Creyó que esos pobres diablos necesitaban que sacase fuerzas de donde ya no había y los rodease, escondiéndolos de los males de los que, en realidad, habían nacido y en los que se habían revolcado como puercos hasta fundirse con ellos. ¡Creyó sus palabras de mártires cuando decían que sólo ella podía ser!


† † † † † † †​


- ¿Mentían tan bien que no viste sus colmillos, ni sus cuernos, ni sus patas de carnero?

- Ni esos ojos que nadaban en la saliva de otros idiotas como yo, ni las garras que me tendían en lugar de manos. Vi lo que ellos me dijeron que viese.

- ¿Y te arrepientes de haberles seguido?

La mariposa se frotó sus patas unos segundos y sonrió. Una mueca demencial y soberbia que hizo sonreír a su interlocutor a su vez.

- ¡Dios mío, no! ¡Debía seguirles para conocer! Y mucho menos me arrepiento de haber remontado el vuelo y abandonarles allí.

Su interlocutor, el periodista del submundo, contempló con adoración las malformaciones de sus alas, los colores bordados en ellas como cientos de ojos serenos. Su mariposa se había expuesto a las torturas de una Eva hambrienta de conocimiento y, como la manzana prohibida, le ofrecía agallas nuevas de las que la mayoría huían. Se descubrió así amándola: todos sus fantasmas y su vesania, todas las leyendas pre humanas que se le habían claveteado en la lengua, la lujuria aprendida de los versos que están grabados en las paredes del Hades a modo de cenefa... ¡Todo lo que miles de veces llamaron monstruosidad, él lo besó con la veneración con que se besa la mano de un Santo!
 
Y si el periodista supo amarla, es fácil imaginar que la mariposa lo amó a él y aprendió algo nuevo y distinto. No por buscarle un final feliz a la crónica, sino porque amar parece estar en la naturaleza de la mariposa y es demasiado fuerte como para dejar de intentarlo. Y el periodista... si supo ver, ¿estaría a la altura?
 
Y si el periodista supo amarla, es fácil imaginar que la mariposa lo amó a él y aprendió algo nuevo y distinto. No por buscarle un final feliz a la crónica, sino porque amar parece estar en la naturaleza de la mariposa y es demasiado fuerte como para dejar de intentarlo. Y el periodista... si supo ver, ¿estaría a la altura?

Eso está aún por ver :)
 

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