Profefisico
Poeta asiduo al portal
Estoy acostumbrado a vivir en el engaño
mis memorias de vivencias son regaños
que me digo: eso se pasa con los años
como se junta el ahora con el antaño
de mi inacción consentidora e indolente,
al postergar muy paciente
la búsqueda de la posible solución,
que tanto me pide el corazón.
Son veinte años de perfidia
¿Por qué dejo violar las reglas cada día?
He sufrido por el bienestar de otro
que brioso se muestra como potro
atentando mi intranquilidad sana.
He respetado por mi adultez y las pocas canas
aunque no soy santo de pensamiento
pero leal en todo momento.
¿Por qué me juzga sin razón?
le he dado todo desde del fondo de mi corazón
amor, respeto, tiempo, un hijo, mi ser y la esencia
y por lo material casa y carro ha de tener a complacencia
sobre mi cuerpo tosco que se niega a la violencia
la intimidación tras sus rasguños son el flagelo
con latigazos marcados, se ha caído el velo.
Solo me queda llorar en la esquina de un bar
en la soledad de quien piensa en amar.
Ahogando mis penas en el alcohol errante
consiguiendo la felicidad en el semejante
pues no existe el jubilo propio y elegante.
Mi hijo es un ángel de dios, me trae alegría
que al reír, actuar se me mejora el día.
Ella no entiende que los celos de aprensión
generados por el temor de la desolación
solo es veneno que deja su huella en el alma
siempre le pido con mis heridas, que tenga calma
y al pasar unos días se repite la escena de aflicción
pues lo que queda, es llorar, y vivir con honor
aunque no quisiera vivir en el terror.
mis memorias de vivencias son regaños
que me digo: eso se pasa con los años
como se junta el ahora con el antaño
de mi inacción consentidora e indolente,
al postergar muy paciente
la búsqueda de la posible solución,
que tanto me pide el corazón.
Son veinte años de perfidia
¿Por qué dejo violar las reglas cada día?
He sufrido por el bienestar de otro
que brioso se muestra como potro
atentando mi intranquilidad sana.
He respetado por mi adultez y las pocas canas
aunque no soy santo de pensamiento
pero leal en todo momento.
¿Por qué me juzga sin razón?
le he dado todo desde del fondo de mi corazón
amor, respeto, tiempo, un hijo, mi ser y la esencia
y por lo material casa y carro ha de tener a complacencia
sobre mi cuerpo tosco que se niega a la violencia
la intimidación tras sus rasguños son el flagelo
con latigazos marcados, se ha caído el velo.
Solo me queda llorar en la esquina de un bar
en la soledad de quien piensa en amar.
Ahogando mis penas en el alcohol errante
consiguiendo la felicidad en el semejante
pues no existe el jubilo propio y elegante.
Mi hijo es un ángel de dios, me trae alegría
que al reír, actuar se me mejora el día.
Ella no entiende que los celos de aprensión
generados por el temor de la desolación
solo es veneno que deja su huella en el alma
siempre le pido con mis heridas, que tenga calma
y al pasar unos días se repite la escena de aflicción
pues lo que queda, es llorar, y vivir con honor
aunque no quisiera vivir en el terror.