Black Ryder
Poeta recién llegado
La Pira Inmortal.
Cada noche, mientras circundas
sus prados en llamas, sus silentes colinas
Y engulles aquella lívida luz en su mirar candoroso,
mis cenizas incendian nuestro marchito lecho
y me retuerzo, oyendo en el vacío entre las sábanas
su placer derramado sobre tu pecho, perezoso.
contengo entonces su respiración, saboreando el verter
de tus besos sobre el cauce de sus entrañas,
la fragua en tu aliento, llenándola de calor infranqueable,
capaz de transfigurar mi ramo de mustia calma
en vapores de gozo insoslayable.
Me veo crepitar al estamparme contra la solidez
de tu intangible carne...
tu piel se vuelve jirones al viento mientras
yo te hurgo, paladeando tu sangre,
su sabor impregnado a mi garganta como indeleble tinta.
tentador... invitando a los fantasmas de antiguos días
a apropiarse de las caras que me cubren,
y reavivar la flama que extiende la delicia de mis deseos,
Como la muerte entregando tímidas caricias.
Pero mientras cierro los ojos,
extasiadas mis lágrimas, corriendo con desenfreno,
oigo a lo lejos tu voz, agitada y traslúcida,
como inmersa en aguas rabiosas, heladas.
es su nombre el que fluye por sus poros,
inundando mis pulmones, lavando mi cuerpo
de tus vívidos recuerdos, de tus dientes afilados
surcando la cobija de mi espíritu, alborozado.
lamiendo mis propias heridas me arrastro,
presa del más cruento entendimiento...
lo que una vez borboteó en nuestro pozo, oculto por madreselva,
hace mucho tiempo que se evaporó,
a merced del calor de otra hoguera.
Heme entonces aquí una noche más, ardiendo
bajo la luna carroñera, que se regodea con mis alaridos.
mientras que yo, humo y miseria,
navego entre puentes de brisa, en busca de tu boca
y te estremezco en sueños, sosteniéndote en dudas y remordimientos...
habrás de anhelar perderte en un cuerpo distinto
al que, junto al tuyo, suspira...
mi imagen danzará cadenciosa en los salones de tu mente,
y esperarás con ansias
a una noche más, una nueva Pira.
Cada noche, mientras circundas
sus prados en llamas, sus silentes colinas
Y engulles aquella lívida luz en su mirar candoroso,
mis cenizas incendian nuestro marchito lecho
y me retuerzo, oyendo en el vacío entre las sábanas
su placer derramado sobre tu pecho, perezoso.
contengo entonces su respiración, saboreando el verter
de tus besos sobre el cauce de sus entrañas,
la fragua en tu aliento, llenándola de calor infranqueable,
capaz de transfigurar mi ramo de mustia calma
en vapores de gozo insoslayable.
Me veo crepitar al estamparme contra la solidez
de tu intangible carne...
tu piel se vuelve jirones al viento mientras
yo te hurgo, paladeando tu sangre,
su sabor impregnado a mi garganta como indeleble tinta.
tentador... invitando a los fantasmas de antiguos días
a apropiarse de las caras que me cubren,
y reavivar la flama que extiende la delicia de mis deseos,
Como la muerte entregando tímidas caricias.
Pero mientras cierro los ojos,
extasiadas mis lágrimas, corriendo con desenfreno,
oigo a lo lejos tu voz, agitada y traslúcida,
como inmersa en aguas rabiosas, heladas.
es su nombre el que fluye por sus poros,
inundando mis pulmones, lavando mi cuerpo
de tus vívidos recuerdos, de tus dientes afilados
surcando la cobija de mi espíritu, alborozado.
lamiendo mis propias heridas me arrastro,
presa del más cruento entendimiento...
lo que una vez borboteó en nuestro pozo, oculto por madreselva,
hace mucho tiempo que se evaporó,
a merced del calor de otra hoguera.
Heme entonces aquí una noche más, ardiendo
bajo la luna carroñera, que se regodea con mis alaridos.
mientras que yo, humo y miseria,
navego entre puentes de brisa, en busca de tu boca
y te estremezco en sueños, sosteniéndote en dudas y remordimientos...
habrás de anhelar perderte en un cuerpo distinto
al que, junto al tuyo, suspira...
mi imagen danzará cadenciosa en los salones de tu mente,
y esperarás con ansias
a una noche más, una nueva Pira.