Mavila
Poeta que considera el portal su segunda casa
De repente me encuentro aquí, miro a mi alrededor, no reconozco el lugar donde me encuentro, nada es familiar.
¿Que hago yo aquí?... mejor tomarme las cosas con tranquilidad, seguro que todo esto tiene una explicación, y seguro que me reiré cuando la encuentre.
Ahora sólo tengo que recordar dónde estaba y qué hacía antes de pasar a este mundo desconocido.
Bien, estaba planchando delante del televisor, viendo unos vídeos musicales, es lo único que me entretiene a estas horas de la mañana.
Plancho una camisa de cuadros en tonos crudos, una de las favoritas de mi marido; que difícil recordar ¡ahora lo veo claro! ¿Dios cómo puede ser esto real? Estaba terminando con los últimos retoques de las mangas de la camisa de repente la plancha comienza a soltar un vapor insoportable que hace que todo se desvanezca a mi alrededor, sólo siento un calor que me invade y algo que me eleva los pies del suelo. No es un sueño es real, ahí estoy ¡volando con la plancha en la mano! con la cara desencajada por el pánico. Poco a poco me tranquilizo y comienzo a disfrutar del paseo en plancha a vapor (Sé que es algo ridículo pero son cosas de la imaginación, supongo).
El viaje está pasando a ser toda una aventura, a traves de mundos que jamás había visto antes, lugares llenos de colores que salían de cascadas, situadas en los montes dorados que rodeaban una inmensa región, donde el aire era limpio con esencias de diferentes aromas.... no sabría decir a qué olía exactamente, sólo sé que me embriagaba una sensación de amor y paz al oler ese sin fin de ricos aromas.
Allí estaba con la plancha en la mano (cualquiera se soltaba el golpe iba a ser espectacular) hasta llegar a una especie de aldea, allí la plancha comenzó a soltar una especia de pequeños paracaídas y empecé a descender despacio, dándome tiempo a ver lo pequeña que era la aldea, vi como salía la gente del lugar para recibirme, nadie se extrañaba de mi llegada ni de mi modo de locomoción, hasta que me di cuenta que todas las caras me eran familiares, amigos, primos, tíos, abuelos, hijos y mi marido ¡pero si era toda mi familia! Todos me dieron la bienvenida con besos y abrazos aplaudían y daban gritos de alegría al verme llegar, todos exclamaban ¡ por fin llegaste! ¡Te estábamos esperando! y me di cuenta que ahora si que estaba en mi hogar, qué había estado ausente en un mundo que no era el mío, con dolor, hambre, sufrimiento, maldad un lugar que jamás debió de existir y que olvidare para siempre.
Ahora soy feliz aquí en mi aldea, con los míos, rodeada de amor calor y paz.
¡Y con planchas voladoras!
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