-Estaba orgulloso de su plantación. Sus más de 50 árboles eran testigo de sus desvelos... abono, riego cuidadoso, podado cuando era necesario... El esfuerzo había valido la pena, y de sus árboles colgaba el producto que anhelaba. Los visitantes que se acercaban a contemplar la plantación se quedaban muy sorprendidos de lo que veían. Él los animaba a subir a los árboles para que pudieran valorar su trabajo de cerca. Les ayudaba a subir usando la escalera que, apoyada en cada tronco, estaba destinada a tiempos de recolección... que, precisamente, ya tocaba. Cogió un cesto -que colgó de una rama- y un cuchillo... y empezó. El primero se desprendió con facilidad y lo metió en el cesto. Con el segundo ojo tuvo que emplearse más a fondo.
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Churrete