La Poesía, cuando nos llegue

Orfelunio

Poeta veterano en el portal







La Poesía, cuando nos llegue







Hay mucho poeta, demasiado poeta; pienso yo,
que debe ser costumbre que el sentir nos alumbre,
y al describirlo con sangre, las letras sean marionetas de un teatro,
que en su baile llegan alto; y dando saltos se corona toda cumbre.


La medida de esa cúspide nos mira subjetiva, y nos descubre,
que aquello tan sangrante es estado que animado, al dilatarse,
cobra vida y nos devuelve sensaciones, que dispares y azarosas,
al buscarles el encuadre, aquello que sangraba sea un mero artificio,
y una vez hecho el sacrificio, empeñamos todos nuestros males;


y aún siendo un mal modelo, de un estado eufórico, o miserable,
nos creemos algo grande; ¡qué bonito!, ¡qué emoción!, ¡qué revuelo!;


es deleznable, intentar plasmar por agradable, o por morboso, todo aquello
que en su vuelo, ya sea antojo, amor o duelo, nos engañe y seamos presa
de un retrato, que en la calle es costumbre y es de balde,
cuando al trato, lo falseamos con empaque;
¡y hago voto, desde ahora mismo, que nunca más seré un roto!,
cuyo cinismo me eleve alto, tan alto llegue,
que más profundo sea al abismo, en el que caiga por ser tan breve.


¡Gloria a mí mismo!, y a toda plebe, ¡gloria al altísimo!, el cielo truene;
ya lo sentimos, es un ser leve, lo percibimos, llueva la lluvia;
la Poesía, cuando nos llegue.




***
 
Última edición:







La Poesía, cuando nos llegue







Hay mucho poeta, demasiado poeta; pienso yo,
que debe ser costumbre que el sentir nos alumbre,
y al describirlo con sangre, las letras sean marionetas de un teatro,
que en su baile llegan alto; y dando saltos se corona toda cumbre.


La medida de esa cúspide nos mira subjetiva, y nos descubre,
que aquello tan sangrante es estado que animado, al dilatarse,
cobra vida y nos devuelve sensaciones, que dispares y azarosas,
al buscarles el encuadre, aquello que sangraba sea un mero artificio,
y una vez hecho el sacrificio, empeñamos todos nuestros males;


y aún siendo un mal modelo, de un estado eufórico, o miserable,
nos creemos algo grande; ¡qué bonito!, ¡qué emoción!, ¡qué revuelo!;


es deleznable, intentar plasmar por agradable, o por morboso, todo aquello
que en su vuelo, ya sea antojo, amor o duelo, nos engañe y seamos presa
de un retrato, que en la calle es costumbre y es de balde,
cuando al trato, lo falseamos con empaque;
¡y hago voto, desde ahora mismo, que nunca más seré un roto!,
cuyo cinismo me eleve alto, tan alto llegué,
que más profundo sea al abismo, en el que caiga por ser tan breve.


¡Gloria a mí mismo!, y a toda plebe, ¡gloria al altísimo!, el cielo truene;
ya lo sentimos, es un ser leve, lo percibimos, llueva la lluvia;
la Poesía, cuando nos llegue.




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buen poema a veces llega desenfrenada y a veces en seco, grato leerle
 
Hola!
Creo que no habia tenido la oportunidad de leerle antes , pero vaya que esto me ha llegado y muy profunda , letras marcadas un gusto , estrellas y saludos.
Cuidese.
 

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