La poesía a muerto.
Una hoja en blanco dormita
más allá del infinito tiempo.
La tinta, la pluma, los sentimientos,
hacen gárgaras con la basura
de las mentes muertas,
los ojos huecos
y los labios podridos
de una cultura sin ella misma.
Llora, llora viejo Bécquer,
tus palabras de volatizaron
con la pólvora de las cenizas
de unos cerebros en charco.
Veo generaciones sin música.
sin danza, sin letras.
Sólo ruido que engordan
sus orejas. Bailes
que rayan el sexo,
y letras...desconocidas.
Besos que mastican al amor
cual chicle de agua.
Abrazos, caricias, sonetos;
todos mendigando una gota
de sudor frío, una mueca
de tristeza, una pupila
que se dilate paso a paso,
un corazón sabio,
una lágrima
de transparente lava,
un poeta que rehaga
lo que nunca hizo;
que muerda al futuro,
que sepa más que las nubes,
que el sol, que una trémula
estrella de mármol;
que recuerde al olvido,
que seque mares
de ácidos vómitos
que sople en contra del humo.
La poesía busca
un poema que vuele.
El poema busca
a un poeta con valor a caerse.
La poesía a muerto,
ya nadie tiene alas
de febril valor.